lunes, 14 de febrero de 2022

Pantano del Sitjar - La Talaia. Circular


Esta es una ruta relativamente sencilla ideal para dar una agradable vuelta entre amigos. No deja de tener su subidita y su bajadita de rigor, pero en este caso no es de mucho desnivel.

En este caso participaron Ana, Armando, Elena, Isa, Kiko, Manolo, el otro Manolo, Sergio, Silvia y Vicent. De todos lo caminantes, seis comenzaban entrenamiento para un tramo del camino de Santiago, que tenían planificado para el verano siguiente. Este era su primer entrenamiento y había que mover las piernas para no sufrir demasiado en la ruta de Santiago. Aquí tienes el perfil


La excursión no llega a 9 km i tiene tan solo 236 metros de desnivel. Bastante gente de la marcha llevaba un app de gps instalada en su móvil y, una vez la hicieron, las distancias recorridas variaron mucho de uno a otro. Mientras que a unos les salió 9 kilómetros, a otros fueron más de 10 km.

Nuestros senderistas dejaron los coches en un aparcamiento al lado del muro de la presa del Sitjar. EL embalse del Sitjar embalse se construyó en los años 60 sobre el rio Millars para controlar las crecidas y regular el riego. Como la ruta partía del pie del pantano, muchos de nuestros caminantes esperaban una ruta que se desarrollara a su alrededor, con bonitas vistas de agua, pero en realidad la excursión se alejaba del embalse y éste solo se veía al principio y al final de la misma. Fue una pequeña desilusión pero no se produjo ningún motín. Solo extrañó a la gente cuando el camino se alejaba más y más del pantano y, a la pregunta de por qué, la respuesta fue simplemente que la ruta era así.


Nadie había hecho esta ruta anteriormente. Kiko llevaba un track que se había descargado para seguirlo. Cuando comenzaron a caminar era prontito por la mañana y hacía fresco, pero ya se veía que acabaría haciendo calor.

Del pie del pantano la excursión se adentra en un bosque y enseguida se accede a una especie de urbanización llamada les casetes del Sitjar. Estaba desierta. No se vio a nadie. Como nota de color allí había una ermita. Se hizo una foto y el grupo siguió camino.


Prácticamente todo era bosque de pinos, primero muy tupido pero luego se fue aclarando. Al comienzo de la subida se pasó por un claro con una tienda de campaña que parecía desierta. Desde allí salía una corta senda escondida que llegaba al mirador del pantano. Como Kiko no sabía exactamente donde estaba el mirador, no lo vieron y pasaron de largo. Se quedó pendiente esta visita para una próxima vez.


Las vistas del pantano se fueron dejando atrás y poco a poco la Plana de Onda iba ganando terreno al embalse. Las fábricas y el pueblo de Onda se veían allá abajo. Hasta el mar y las islas Columbretes se vieron.

Paulatinamente el camino se iba empinando. El desnivel no era muy elevado pero el grupo era bastante heterogéneo y algunos iban sobrados pero otros no lo iban tanto. Había que bajar un poco el ritmo para evitar que se disgregase. Aun así hubo algún momento en el que se tuvo que deshacer camino porque los de cabeza se habían separado demasiado de los de cola y estos últimos no tenían claro por donde seguir.

Con bastante facilidad se llegó hasta el "Vértice Geodésico la Talaia", justo al lado de la "Torre de la Atalaya", el punto más alto de la ruta, a casi 350 metros de altura. Corresponde a una torre de vigilancia de época musulmana, en la cima de la colina con su nombre. La torre es cilíndrica y presenta una altura de aproximadamente 5 metros, formada por bloques de piedra con argamasa. Esta torre tuvo la función de vigía y custodia del camino de herradura, presumible vía romana, que discurría a sus pies, a través de las montañas de la Pedriza.


La verdad que es las vistas eran muy buenas. A quien estuviera vigilando por allí no se escaparía nadie. En los tiempo modernos, resaltaban mucho las grandes fábricas de la carretera entre Vila-real y Onda con sus grandes penachos de humo supuestamente no contaminantes. Y el pueblo de Onda un poco más arriba, con su impresionante castillo. Detrás el Montí, y más atrás el 
pico Espadán, viejos amigos de algunos de nuestros senderistas. Al fondo estaba el castell de Castro. Fue Elena la que lo señaló, que hacía tiempo que lo había propuesto como posible próxima ruta del grupo.


El grupo disfrutó con las vistas. Casualmente habían tres senderistas más que llegaron a la vez a la cima. Últimamente la montaña en general se iba viendo con más afluencia de senderistas. La cosa del caminar por la montaña se iba popularizando. 


Ahora, que ya no se podía subir más, tendría que comenzar la bajada. En principio la senda estaba un poco empinada y, con lo seco que estaba el terreno, daba un poco de susto por los posibles resbalones del personal. Había que bajar con cuidado. Algunos de los caminantes, los más noveles, llevaban zapatillas de asfalto. Estos fueron los que más patinaron, pero la sangre no llegó al río. Algún culo tocó el suelo y poco más.


Como el camino bajaba muy directo, la pendiente se suavizó al llegar a la base de la montaña y desde ese momento la excursión se convirtió en un bonito paseo por senda con ligera pendiente hacia abajo. Las conversaciones se animaron y los más "dinámicos" pusieron un ritmo más elevado a la marcha. El grupo se estiró pero no se acabó de romper. Solo Kiko sabía el camino y no era cuestión de el resto se perdiese. En la montaña de enfrente se veían urbanizaciones y al fondo el pueblo de Ribesalbes.  Aunque la zona está bastante urbanizada y cercana a pueblos, el camino seguía manteniendo el encanto de la montaña.

Justo al lado de la senda se pasó por el corral de Sancho. Este corral fue utilizado desde siempre para refugio de ganado en la trashumancia. Incluso había un código QR que apuntaba a un pequeño video en Youtube donde explica la utilización de este tipo de corrales. Para los curiosos, se puede ver haciendo clic aquí.


Ahora ya la gente andaba con prisa para el almuerzo que les esperaba. Casi no hacía falta ni preguntar por el camino correcto. En un santiamén se llegó a la carretera y de allí a los coches.

El colofón a la excursión fue un almuerzo-comida en la Gaspara, bar famoso de la carretera de Alcora. El lugar quedaba relativamente cerca y había certeza de que estarían bien servidos. La certeza se cumplió y el almuerzo-comida estuvo fenomenal. Nadie contó la cantidad de líquidos que se tomaron para recuperar la hidratación perdida en la ruta, pero fueron unos cuantos.


Como resumen, la ruta es bonita, corta y para disfrutar sin mucho esfuerzo. Además, como está tan cerca de Castellón, viene de perlas para que los habitantes de la Plana hagan una escapadita de dos o tres horas por la montaña.

Pincha aquí para ver la ruta




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miércoles, 19 de enero de 2022

De Tales a los órganos de Benitandús. Circular.


La ruta que hoy presentamos es muy agradable y "vistosa", aunque con cierta exigencia física. Sin asustarse, es una excursión donde se sube y hay que tener un poco preparados los gemelos para cierta tensión. No obstante, con calma a todo sitio se llega. Como dirían los Rayitos, no hay subida pesada si se hace poco a poco. 

Esta excursión era una asignatura pendiente. La plantearon las Liebres porque querían saborear las bonistas vistas de lor órganos de Benitandús. Ana, Elena y Silvia llevaban tiempo queriéndola hacer y al finale se planificó con la mala pata que ellas no pudieron ir. Esta razon asegura al 100% que esta marcha se volverá a repetir.

Gilbert entró en el wikiloc y busco una ruta que se adaptara a las necesidades del posible grupo a realizarla. encontró una ruta circular que, partiendo de Tales, llegaba a los órganos. Fede, Gilbert y Kiko ya habían hecho esta ruta de los órganos pero partiendo de la propia aldea de Benitandús, pero a Gilbert le parecía demasiado corta (ver https://club-rayito.blogspot.com/2021/04/los-organos-de-benitandus.html ).

La ruta que planteó Gilbert parte de Tales y hace una aproximación a una circular por la cima y órganos de Benitandús, desandando después el camino de partida. Al final la ruta es un "corta y pega" de tres trozos de rutas que conocen parte de los caminantes que venían a la excursión. 

Estas tres rutas on la ruta de Suera-Castell de Maus-font de Castro-Mas de Campana, la ruta de Benitandús-Órganos y la ruta de Tales-Alcudia de Veo.

El nuevo trayecto que se proponía estaba muy bien elegido, con casi todo el recorrido por bosque, tanto de pino como de encina y alcornoque, grandísimas vistas y unas sendas en muy buenas condiciones. Solo hubo una pega, de la cual no tenían la culpa nuestros caminantes. Era que durante toda la ruta, especialmente cerca de los órganos sóo faltaba un cartel de "Bienvenidos al parque temático de los Órganos de Benitandús", por la cantidad de personal que se encontraron tanto en el acceso como el los miradores que habían.


Los que participaron en esta ruta fueron Bea, Gilbert, Isa, Javi, Kiko y Vicent. Como hemos comentado antes, Silvia, Ana y Elena, que tenían interés, no pudieron participar, con lo que esta excursión se guarda en la agenda para una repetición, con las modificaciones que puedan surgir de la experiencia de ese día.

La excursión se realizó a mediados de enero y, como es natural en estas fechas, por la mañana hacía más que fresco. Tampoco era un frío para ir con guantes, pero sí para comenzar a caminar con 2 mangas y chaqueta de montaña.

A pocos metros por la carretera que sale de Tales hacia Suera, una vez cruzado el puente, a mano derecha sale el camí entre rius, una senda que poco a poco va subiendo hasta el mirador de las Águilas a 400 metros de altitud. La senda, como casi todo el camino después, va envuelta en un bosque, en este caso de pinos.


En el mirador de las Águilas las vistas ya comienzan a ser espectaculares. Los caminantes ya están en el kilómetro 2,2 y a una altura de alrededor de 400 metros. Enfrente se alzan majestuosos los órganos de Benitandús, famosas columnas de rodeno en equilibrio, y al fondo el embalse con el mismo nombre.

Ahora, si la ruta fuera hacia Suera, nuestros caminantes comenzarían la bajada hacia la derecha. En este caso no era así, siguieron subiendo, que el destino era otro.

Continúa la senda por dentro de un bosque de pino y algo de carrasca, cresteando por la sierra que separa el valle del rio Veo del barranco de Castro, viejo amigo de algunos de nuestros senderistas. Las vistas son admirables. El castell de Maus a la derecha y el embalse de Benitandús a la izquierda. Algunos árboles caídos suponen un pequeño hándicap a nuestros héroes, que lo solventan con rapidez.

Normalmente Gilbert y Javi van delante, sobrados de condiciones. Bea y Kiko va detrás, un poco más calmados, y Isa y Vicent, también sobrados de fuerzas, "se dejan llevar". La subida es persistente y no da tregua. No es excesiva pero está ahí. Alguien comenta que le gusta el ritmo. La subida no es exactamente continua, da pequeños respiros de unos pocos metros para recurerar el resuello, pero estos pocos metros son realmente pocos metros. El resto es todo para arriba.


En el kilómetro 3,3 por fin se alcanza el anillo de los Órganos. Aquí comienza una rutita circular que comienza subiendo al pico de los órganos para después bajar a los órganos en sí y volver a ese mismo punto. Ya se está a 500 metros de altitud y todavía falta subir 200 y pico metros más.

Los senderistas siguieron subiendo sabiendo que les quedaba poco. Se empinaba un poco pero nada es imposible para nuestros héroes. No hay dolor. Gilbert y Javi estaban fuertes como rocas, los demás casi que también. No exactamente como rocas, pero fuertes también. 


Por fin coronaron cima. El pico, con 729 metros oficiales (a sus gps les marcaba 732) dio una sensación de paz importante. El saber que se había acabado la subida daba un punto de tranquilidad al grupo. Era el kilómetro 4,5 de la ruta, justo la mitad de todo el recorrido. Allí cerca había trincheras de la Guerra Civil, como en casi todas las cimas y puntos altos de la Sierra Espadán. En esta sierra parace que se prepararon a fondo para locas y absurdas batallas encarnizadas.

El grupo tomó un respiro para hidratarse y alimentarse. Se acabaron los viejos tiempos del bocata y la bota de vino. Ya desde años atrás lo que se llevaba eran frutos secos, manzanitas, peras y demás comida sana. Mucho más digestiva, menor peso y evitaba resbalones en las bajadas.


Tras la paradita y los comentarios sobre la ruta, nuestros caminantes comenzaron el descenso. Desde la cima hay un camino que sigue cresteando hacia el oeste y, a unos pocos metros hay un desvío que baja a los órganos. Hasta el momento so se había visto a casi nadie en el recorrido de la excursión. El día era fantástico y ya hacía calorcito, pero sin pasarse.

La subida todavía no había acabado para los caminantes. Ahora tocaba bajar a ver los famosos órganos. Poco a poco nuestros senderistas se iban encontrando con gente que subía por donde elllos bajaban. La bajadita era empinada y con tierra suelta pero ninguno resbaló.

Un poco más abajo, en el kilómdero 4,8 se llegó a los dos miradores de los órganos. Ante sus ojos, formidables columnas de rodeno que parecían en equilibrio se levantaban de la montaña. Y al fondo el pequeño embalse y la aldea de Benitandús. Una buena foto.


Todo era bonito salvo la gran cantidad de excursionistas, domingueros y demás personal que atestaban los espacios. Almorzando, haciéndose fotos, todos equipados con botas y ropa nueva de montaña.

El turismo llega a todo el mundo, incluso al "parque temático de los Órganos de Benitandús". Desde hace pocos años a esta parte la montaña se ha inundado de personas que quieren ver, experimentar nuevas sensaciones y respirar aire puro. Es lo que se lleva. Quizá la montaña ha perdido algo con estas avalanchas de gente pero todo el mundo tiene derecho a pasárselo bien.


La zona es un pelín peligrosa porque los miradores acaban en un cortado de decenas de metros de caida libre. La gente paseaba como si estuviera en el parque de su ciudad y el verla daba un poco de "vértigo ajeno". Nuestros senderistas hicieron un par de fotos tratando de esquivar turistas y siguieron su camino.


Ahora ya tocaba la vuelta. La senda sigue hacia el este, rodeada de alcornoques, buscando el fin del anillo de  los órganos. Esta senda conincide con la que baja al propio Benitandús y es por la que la mayoría de la gente sube y baja a ver estas formaciones. Los nuestros se cruzaron con todo tipo de personas. Perejas jóvenes, gente con pic-nics para almorzar arriba, deportistas que habían convencido a su pareja a hacer una mañana de montaña y que la llevaban casi arrastrando porque la subida, aunque es corta, se las trae. Después pasó un grupito de jóvenes con bolsas de cosas y una guitarra, para montar una fiestecita chill-out arriba. Bueno, todo tipo de fauna y flora.

Hablando de fauna, la última vez que los nuestros subieron a los órganos tuvieron la oportunidad de ver cabras a pocos metros. Ese día las cabras estarían a kilómetros de distancia porque el "ambiente humano" que se respiraba en la zona no les daría pie a pasturar por allí.


Ya estaban el el kilómetro 6 y el grupo llegó al lugar de donde se partió en el anillo. Ahora tocaba deshacer los siguientes 3 kilómetros largos para llegar a Tales.

La llegada hasta aquí desde Tales unas horas atrás había parecido un poco empinada y con bastante tierra suelta. La sequía afecta a todo, también al estado de las sendas. Hubo comentarios en el sentido que quizá habría que tener cuidado en las bajadas para no poner el culo en el suelo de forma involuntaria. Pero sorprendentemente la bajada fue más fácil que lo esperado. Ligeritos ligeritos desandaron el camino y llegaron a Tales.

Sobre las 12 de la mañana llegaron a destino. Fueron 9,690 km con un desnivel positivo de 609 m. Hacía buena temparatura y el sol se agradecía. Se estaba tan agustito que aun les dio tiempo para tomar un refrigerio antes de coger el coche.

Como conclusión, la ruta es bonita con sendas en buen estado y casi siempre por dentro de bosques. Las vistas espectaculares. El grupo fue compacto aunque las fuerzas estaban un poco descompensadas. El tema de los turistas era un poco de esperar. Cuando se va a sitios accesibles y bonitos, es normal que se llene. En cuanto a la señalización, muy buena. Había nuevas paletas explicativas en cada cruce de caminos. Se nota que los parques temáticos tienen tirón turístico y están bien señalizados.


Solo por poner una pega, el tener que desandar el mismo camino durante 3,5 kilómetros quizá quite algo de encanto a la excursión, o no. La alternativa sería dejar un coche en Tales y otro en Benitandús y hacer la ruta un poco más corta pero sin repetir. Pero es posible que no valga la penda tanto lio.

Los caminantes supercontentos y la mañana se pasó muy bien.

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miércoles, 1 de diciembre de 2021

El Camino de Santiago desde Castellón. Etapa 3. De la Serra d'en Galceran al Mas de Segarra

 


Solo hay una palabra que define con total exactitud esta etapa del Camino de Santiago: VIENTO

La excursión se realizó en la última semana de un noviembre. Semana en la que el frío se adelantó un poco a lo que está uno acostumbrado en estas latitudes. La personas que tuvieron que ponerse piedras en los bolsillos para no salir volando durante esta ventosa jornada fueron Ana, Bea, Elena, Gilbert, Isa, Javi, Kiko, Silvia y Vicent.

La tercera etapa del Camino de Santiago desde Castellón comienza en la Serra d'en Galceran y termina en el Mas de Segarra, junto a la carretera que une Albocàsser con Ares. 

La etapa no revestía una especial dificultad. Kiko trató de hacer la ruta un poco más entretenida y cambió los 7 primeros kilómetros, que eran de bajada por carretera, por una combinación de pista-senda que resultaría más adecuada a unos senderistas expertos como nuestros héroes del Camino de Santiago. Con ello prácticamente se eliminaba el asfalto del recorrido de la etapa.

Esta vez las 9 personas que componían el grupo no tenían apoyo logístico para transporte, con lo que iban a apañarse solas. Cada vez estaban más lejos del origen y la cosa se iba complicando en cuanto tiempo de desplazamiento. En este caso había que subir a 9 personas a la Serrra d'en Galceran para comenzar a caminar y depués bajar las mismas 9 personas des del Mas de Segarra cuando se acabara la excursión.

El tema se solucionó con 3 coches e ingenio. A saber:

Un coche subiría al comienzo de la ruta con 5 personas, los descargaría y después iría sólo con el conductor al final de la ruta. Los otros dos coches irían directos al final de la ruta con 2 pasajeros cada uno. En el final de ruta se encontrarían los tres coches con 5 ocupantes en total, que volverían al comienzo de la ruta con un coche. El resultado sería que estaban todos los caminantes al inicio de ruta con un solo coche y había 2 coches vacíos al final de ruta. Exactamente como querían para, cuando acabaran la marcha, volver los 9 con los dos coches a la Serra y bajar los 3 coches a casa. Toda una labor de encaje de bolillos digna del mejor de los ingenieros. Esto es como los acertijos esos de cruzar el rio ovejas, lobos y sacos de trigo y que no se coman entre ellos. Aquí tampoco se comieron entre ellos.


A las 7 y media de la mañana, cuando el primer coche llegó a la Serra d'en Galceran y descargó a los primeros 4 senderistas (Silvia, Gilbert, Elena y Bea), el viento ya era terrible. Para esperar a sus compañeros, los 4 se quedaron acurrucados dentro de un portal para que el viento no los arrastrase por todo el pueblo. Menos mal que el del bar abrió rápido y pudieron tomar un café. Si no, se les habría encontrado todos abrazados y congelados al cabo de un ratito.

A la vista del temporal de viento huracanado que estaba montado, se decidió eliminar la innovación de Kiko de ir por camino y el grupo seguiría la ruta original que bajaba por la carretera. Con eso aumentaban sensiblemente la seguridad del grupo.

Ya en la carretera se vieron piedras de pequeños desprendimientos y todos se reafirmaron en ir por asfalto. Nadie se atrevió a ir por camino. Realmente casi nadie, porque Gilbert sí que quería, pero se adaptó a la mayoría.

El perfil definitivo de como quedó la ruta es el siguiente:

Hay algunos errores en el track y en el perfil que imaginamos por culpa del viento (o del cacharro de grabar los tracks gps), cosa que no debería ser. Pero bueno, ahí está.

Desde el comienzo de la etapa el grupo trató de seguir las marcas del Camino de Santiago. Dentro del pueblo ya las había pero los nuestros se despistaron y fueron siguiendo carretera cuando, las marcas del Camino de Santiago marcaba tomar un atajo para ahorrarse un par de curvas. Los senderistas tuvieron que recular y meterse por esta variante de la ruta que les ahorraba un tramo. El camino que tomaron era  el trayecto que seguían todos los veraneantes para ir a la piscina del pueblo, que estaba allí al lado. 


Después de subir unas escaleras de piedra que recordaban a las escaleras del camino de Santiago en Portomarín, se pasó por el lado de la piscina municipal que evidentemente nadie usaba en esa época del año. El viento hacía hasta que tuviera olas.

Cuando nuestros caminantes llegaron a la carretera la ruta ya era fácil. El objetivo era seguirla durante 6 kilómetros hasta llegar a los Rosildos. Eso sí, seguirla a costa de un viento de cara de cerca de 100 kilómetros por hora.


La carretera iba subiendo poco a poco hasta llegar al coll de la Banderita, a 820 metros. Era el kilómetro 2,5. Al fondo se veía la nieve en el coll d'Ares y alrededores. En este punto, la ruta brindaba otra oportunidad de coger nuevamente una pista y dejar la carretera. Gilbert hizo un intento de aproximarse al nuevo trayecto pero nadie le siguió. Así que no fructificó la historia.

Arriba en el collado el viento era horrible. Si se pegaba un salto, el aire te desplazaba más de un metro. Costaba mucho caminar y todos iban inclinados para poder seguir. Como en las películas. Esa misma tarde Silvía comentó que había visto en internet que en la Serra d'en Galceran, origen de la ruta, el viento había llegado a 101 kilómetros por hora, Junto con la Jana, Rosell y Benafigos. Nuestros caminantes lo ratifican.


La bajada fue incómoda, como se puede suponer. Bea, que andaba con mucho respeto ante el viento, se concentró en sus botas y sus palos y se adelanto para no pensar más que en caminar. Se metió de primera del grupo y puso la directa.
En el kilómetro 7 de la ruta del día acabó la bajada a Los Rosildos, mas concretamente en el Mas del Regaller. El viento no pegaba tan fuerte como arriba pero seguía dándole bien. Nadie se quitó ni la chaqueta, ni el cortavientos, ni guantes, ni gorra, ni capucha. No sobraba ninguna prenda. El problema era mantener el gorro en su sitio porque cualquier ráfaga podía hacerte correr a buscar una gorra volando.


Se hizo reunificación de grupo, porque con las prisas de Bea y de las personas rápidas del grupo se había hecho un poco de brecha. De ahí a la Rambla Carbonera solo restaban 500 metros. El recorrido de la ruta ahora discurría siguiendo esta Rambla durante un buien trecho. Realmente hasta el final de la etapa. Nuestros senseristas se encontraban en la altura más baja de la etapa, a 361 metros de altitud. Se habían bajado cerca de 360 metros en los 7 kilómetros que llevaban desde la Serra d'en Galceran.

En cuanto a las condiciones atmosféricas, se suponía que mientras siguieran al lado de la Rambla Carbonera estarían resguardados y el viento pararía, pero realmente no fue así. Parece que el tubo que formaba el gran valle hacía de canalización y el aire se encañonaba en la rambla cogiendo bastante fuerza.

Eran cera de las 10 de la mañana y a nuestros senderistas ya les rugían un poco las tripas. Sobre el kilómetro 9,2, en la zona dels Puchols de Dalt, buscaron una masía para resguardarse del viento y almorzar. La sensación de frío era intensa. Todavía nadie había bebido desde que salieron de la Serra. Almorzaron rapidito y siguieron camino para no enfriarse más de lo que estaban.

El camino hasta el final de etapa cruza hasta 5 veces la Rambla Carbonera. Salvo un desvío para visitar el ermitorio de Sant Pau, la ruta discurre paralela a la rambla, con lo que el desnivel que hay que superar es muy bajo. Siempre se sube, pero con conocimiento.

En el kilómetro 13,7, nuestros senderistas se desviaron hacia Sant Pau. La ruta hacía un alto para visitar este curioso lugar.

De momento el viento paró y con el sol los caminantes comenzaron a sudar. Parecía que ya empezaba a sobrar ropa. Todos se quitaron gorros y guantes y algunos hasta chaquetas. Pero la alegría duró poco. A los 10 minutos ya estaba el frío viento dando caña otra vez y hubo que reabrigarse.

La llegada a Sant Pau fue coreada por media docena de perros que, defendiendo su masía, ladraron y persiguieron a los caminantes durante bastantes metros.


Sant Pau, en el kilómetro 15,5 de la ruta es una ermita con mucha historia. En la web https://www.ermitascomunidadvalenciana.com lo explica muy bien:

"El hallazgo aquí de restos arqueológicos de época de la romanización ha apoyado la leyenda -sin ningún fundamento histórico- de una presunta estancia del apóstol en estas tierras. Más popular es la tradición que relata que a finales del siglo XVII el santo se apareció en este paraje a unos hombres tullidos y enfermos que se bañaban en una charca fangosa; su intervención milagrosa hizo que las turbias aguas quedaran limpias y los enfermos sanos". Como podemos leer, siempre hay una hitoria para cada sitio.


Este milagro provocó que el sitio cogiera fama y se construyó nueva iglesia, salas anexas y una hospedería. Llegó a convertirse un un importante centro litúrgico-milagrero con muchísimas visitas y romerías.

A esta ermita todavía peregrinan hoy desde Albocàsser y desde la Torre d'en Besora. Antiguamente lo hicieron los de la Serratella y los marineros de Vinaròs. Estos últimos se pegarían una buena paliza porque, por carretera hay más de 60 kilómetros de distancia entre Vinaròs y Sant Pau. Aunque la romería se hiciera por caminos que reducirían esta distancia, tampoco se acortaría tanto.


Tras cuñar la cartilla del Camino y ver las instalaciones que están restauradas y en bastante buen estado (salvo el coro de la iglesia, de primeros del siglo XVII, que está apuntalado y un poco en precario) nuestros caminantes abandonaron la ermita para seguir la ventosa ruta. Sant Pau dejó buen regusto al grupo. El sitio es de esos que tienen una energía especial.


El viento no daba descanso a nuestros caminantes. Cada vez iba a más. Volvieron a cruzar la Rambla Carbonera y la siguieron desde el otro margen. Hacía muchos kilómetros que la dirección que llevaban era hacia el norte y ahora se desviaban havia el oeste, como si subieran hacia Ares y Vilafranca. Precisamente la dirección que tomaron era hacia el origen de los vientos huracanados que les acompañaban, y hacia donde estaba la nieve que helaba este viento.


El huracán fue a más si cabe. Aunque abrigados, el aire frío se colaba por todos lados y el caminar se hacía penoso. Entre campos de olivos daba un poco de respeto el ruido de las ramas y las hojas al batir. El camino era prácticamente plano, con ligera pendiente hacia arriba pero el esfuerzo era muchísimo mayor por enfrentarse a la pared de viento que a la poca pendiente. Ya quedaban pocos kilómetros y se iba muy bien de tiempo, con lo que no habçía especial prisa y se podía ir un poco más despacio.


En el kilómetro 19,700, a muy poco del final, el grupo pasó por la Masia de Segarreta, la última antes de llegar a la Masia de Segarra, final de etapa. Estas dos masías, Segarra y Segarreta, junto con la de Segarró componen un grupo rural muy conocido en el término. Se encuentran en un estatégico cruce de caminos. Hay una pequeña referencia en internet de cuándo se hacía la Solispassa, que consistía en una bendición de las masías en la Pascua con un protocolo muy determinado donde eran protagosnistas los niños, las mazas, los curas y los huevos y dineros que ofrecían los masoveros. 

Este protocolo de la Solispassa lo comenta Javier Miralles Porcar de la siguiente manera:

"A l’arribar als masos posaven damunt la taula guarnida una fogassa de pa, un plat ple de sal , un pitxer d´aigua i al terra tines i canters plens d´aigua, el capellà ho beneïa i amb segó amb aigua beneïda en tirava a la porta de casa, els masovers donaven el que podien".

En cuanto a los lugares donde se realizaba este rito comentaba:

“El terme de Benafigos el vaig fer tots sencer acompanyant al rector de Benafigos, mossen Fibla, un any a la Solispassa, el de la Torre d´En Besora igualment acompanyant al meu germá Ricardo i també el de Villar de Canes i una part del de Culla que pertanyia a la parròquia de Villar de Canes, Mas del Sastre, el Pou d´en Boix , allà a la vora de Sant Pau d´Albocàsser i la carretera de Vilafranca a Castelló, La Segarra, la Segarreta i el Segarró. Han passat molts anys”.

Son costumbres y tradiciones que se pierden y a las que no ayuda nada el despoblamiento masivo de las masias en favor del superpoblamiento de las grandes ciudades. Ya veremos hasta donde llegamos.


El final de etapa estuvo acompañado, aparte del viento, por un grupo de cazadores que venía subiendo por dentro de la Rambla Carbonera pegando tiros a los animalillos que se guarecían del huracán en el lecho del barranco. Por la cantidad de tiros que se oyeron (y muy cerca), algún animalillo sufriría.

La ruta se concluyó con un poco más de 20 kilómetros de marcha con un desnivel acumulado de 271 metros. Un paseo a no ser por el molesto viento que hizo que la travesía fuera "especial". No obstante el viento, nuestros senderistas solo tardaron 4 horas y pico en hacer la ruta. Una marca muy rápida. Parece que no quisieron perder tiempo en ver el paisaje.

Cada vez estaban más cerca del objetivo, que era la catedral de Santiago, a más de 900 kilómetros de distancia todavía. La moral seguía alta. Había que tener paciencia unos meses o años para completarla.

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miércoles, 17 de noviembre de 2021

El camino de Santiago desde Castellón. Etapa 2. De la Pobla Tornesa a la Serra d'en Galceran.


Esta es una etapa superrecta que une las localidades de la Pobla Tornesa, Benlloc y la Serrra d'en Galceran.

Esta vez, los protagonistas de la ruta fueron Ana, Bea, Elena, Fede, Gilbert, Javi, Kiko y Silvia. Nadie la había hecho hasta el momento y Kiko y Javi llevaban el track para seguirlo. Hoy en día la tecnología es una inestimable herramienta para moverse por la montaña hasta tal punto que se puede ir por áreas desconocidas solo con un móvil.

La ruta es larguita pero fácil. Son 24 kilómetros, de los cuales los primeros 18 son totalmente planos. Es denivel acumulado es de 585 metros, casi todos previstos para el final de la etapa. Mira aquí el perfil:


En la mañana de un domingo de otoño, fresca y soleada, nuestros senderistas dejaron sus coches en la Pobla Tornesa para comenzar la ruta. Al finalizar, Gilbert había quedado con un taxi para que les devolviera allí mismo. Con esto se evitaba el tener que molestar a los buenos samaritanos que en la primera etapa subieron a por el grupo.

Nada más salir de la Pobla la ruta coincide con la Via Augusta, gran calzada romana que, con sus 1.500 kilómetros unía la actual Cádiz con los Pirineos. Es esta zona, la calzada que pisaría el grupo de caminantes fue un camino recto que, partiendo de la Pobla Tornesa, no dejarían hasta bien adelantada la ruta, 16 kilómetros después.




El frescor de la mañana, junto con algo de viento que iría en aumento a lo largo del día, hizo que todos comenzaran bastante agrigados. Bueno, todos no. A Ana, con la estufa que lleva dentro, ya empezaba a sobrarle todo. El resto fue más conservador de calor. 

Como los romanos construían las cosas para que duraran, el firme de la calzada se conserva perfecto, aunque en algunos tramos está lleno de agujeros ajenos a la calidad de la obra. En la zona hay una auténtica invasión de conejos, que parece que les va bien construir sus madrigueras en medio del camino.


Y, evidentemente, cuando hay superpoblación de conejos, de rebote también hay superpoblación de cazadores. El primer tramo del trayecto se compartió con varios personajes que, con sus perros, andaban pegando tiros. Alguno de los miles de conejos que había en la zona se llevaría un buen susto (o algo más).

Una ruta sin dificultades llevó a que la velocidad del nuestros caminantes se disparara. Pronto se hicieron dos grupos. Por un lado los muy rápidos y por otro los no tan rápidos. El camino estaba claro y no hacía falta esperarse. No obstante eso, hubo muchos momentos de reagrupamiento.

Siguiendo por la Vía Augusta, alrededor del kilómetro 7 se pasó por el Arc de Cabanes, arco conmemorativo romano del siglo II d.C. Lo que queda de él está en muy buen estado. En la rotonda donde se encuentra el arco se hizo una paradita para reagruparse y hacer la foto de rigor.

El ritmo de la marcha continuaba siendo muy ligero. Se había especulado con que esta etapa llevaría entre 6 y 7 horas a las Liebres pero seguro que se acortaba.

La ruta recta y plana duró hasta el kilómetro 12,4, cuando el grupo se desvió del camino por una pista también ancha y plana que se dirígía al oeste, el camí del pas de la fusta.  Poquito a poquito, casi sin notarlo se empezaba a subir. Al fondo se veía la sierra como una muralla sin paso para franquearla

En el kilómetro 14 se hizo la parada del almuerzo. Nuestras senderistas estaban en el Aljub del Adjutori, lugar que está muy cerca de la ermita de la Marededeu del Adjutori por un lado, y de Benlloc por el otro.

Javi se acercó a ver la ermita, e hizo fotos, Estaba muy cuidada y gozaba de buena salud (la ermita, no la virgen)

La historia de la Marededeu del Adjutori es muy curiosa, y parecida a tantas y tantas vírgenes mediterráneas milagreras que se encabezonaban en un sitio especial para que sus devotos las adoraran.

Originalmente la ermita estaba dedicada a San Abdón y San Senén, patronos de Benlloc pero después algo pasó. Copiando de la wikipedia, donde lo expican muy bien:

"Según la tradición, una armada portuguesa llegó a la costa, cerca de Torreblanca, y no pudo seguir por falta de viento. Por tres vueltas bajaron una imagen de la Virgen María de la Adjutorio a tierra para rogarles vientos favorables, y estando en tierra los vientos volvieron, y al subir la imagen al barco capitán, los vientos desaparecieron. Considerando milagroso este hecho, y respetando el deseo de la Virgen María de quedarse en estas tierras, enviaron a un sacerdote con la imagen, para descubrir donde quería estar. Ya por la noche llegó la imagen a la ermita de los santos Abdón y Senén de Benlloc, y el sacerdote dejó la imagen en el altar para pasar la noche; y el día siguiente, cuando pensó en continuar el camino, cogió la imagen pero no pudo moverla. El sacerdote volvió a los barcos portugueses para informar de los hechos, y el ermitaño avisó a las autoridades del pueblo, y estos trajeron la imagen a la iglesia parroquial, pero el día siguiente la imagen había vuelto a la ermita, y allí se quedó, como la patrona titular."

Así que san Abdón y san Senén quedaron relegados a un segundo puesto de ranking de devoción Belloquina. Así es la vida.

Una vez repuestas las fuerzas, nuestras caminantes reanudaron la marcha. Hasta el momento había sido todo plano pero ahora comenzaba la subida. Poco a poco, de forma muy gradual se fueron ganando metros. Todo por pista, nada de camino. Quien había diseñado el Camino de Santiago desde Castellón no se había complicado la vida, ¡el camino bien ancho!

Volvieron a hacerse dos grupos. Por un lado las Liebres y por otro las Abuelas. La pendiente no era excesiva per si suficiente para resoplar un poco. Las ganas de llegar, el buen entrenamiento, la genética de cada uno, el peso, las caderas tocadas, la edad, las uñas de los pies o el deseo de disfrutar de la ruta con más tranquilidad, todo era determinante para clasificarse en un grupo u otro. Nada era malo ni bueno. Usain Bolt solo hay uno y el resto somos unos lentos. 

Adentrándose en la sierra, los senderistas tenían delante una gran pared y trataban de adivinar un paso por donde les llevaría el camino. Al final no hubo paso, la pista hizo lo más fácil, llegar hasta arriba del todo. El camino, en su parte más alta, discurrió entre el tossal de la Canyada y la Mola de la Serra por un paisaje ya de montaña dentro de un bosque de grandes pinos. Parecía que se estaba a mucha más altura que la real porque el entorno era casi de alta montaña. Estaban a 750 metros que daban la sensación de  1.500. El aire arreciaba y ya pasaba de fresco a frio. Las vistas llegaban hasta el mar.



De repente, una vez pasado el collado y ya en llano, nuestras senderistas se encontraron con un personaje sentado en una silla de director a un lado del camino, con un chaleco reflectante fosforito y una señora escopeta en las manos. Resulta que había batida de jabalí y por la zona desde donde venían nuestros caminantes, no había ninguna señalización de ello. Se oyeron tiros de bala. Se saludó al cazador y se siguió camino un poquito más atemorizados. Con un poco más de atención a perros, balas y jabalís.

Es un rollo esto de las batidas de jabalí porque no existe ningún medio de saber cuándo y dónde se van a hacer. De repente vas por la montaña y te encuentras una señal (o nada) diciéndote que no puedes pasar y a ver que haces. Si puedes desviarte, lo haces, pero si no, ...



Nuestros héroes ya llevaban 24 kilómetros, la ruta les decía que estaban a escasos 500 metros del pueblo y todavía no se veía nada. Solo campos de almendros. Se hicieron bromas con lo del pueblo fantasma y, de repente, aparecieron las primeras casas y poco después la Serra d'en Galceran en toda su plenitud. Ya no se podía esconder más.

En la llegada, el grupo 2 tardó unos pocos minutos más que el grupo 1. Al final todos se reunieron y rehidrataron sus cuerpos en el bar del pueblo, que por cierto estaba bastante concurrido. Era la hora del vermut del domingo.

El ritmo de la etapa fue trepidante. De una duración estimada entre 6 a 7 horas, se paso a las 5,5 horas reales que efectivamente se hicieron. Ya casi se podría considerar a las Liebres como deportistas de competición antes que senderistas. Hablando en serio, el haber un tramo tan largo sin desnivel al inicio de la ruta seguro que ayudó mucho a conseguir un buen tiempo.

Gilbert, el logístico, llamó al vehículo que les tenía que recoger y devolver a la Pobla Tornesa, lugar donde estaban los coches. La furgoneta tardó. No se esperaba la llamada tan temprana y se aprovechó la espera para rehidratarse un poco más. Tras la llegada del vehículo y en un rato, todos a casa a comer.

Como resumen, la segunda etapa del Camino de Santiago de Castellón resultó muy agradable. Dos tramos muy distintos. El primero recto y plano, y el segundo revirado y subiendo. No hubo mucho desnivel con lo que los 24 kilómetros se soportaron sin mayor esfuerzo. Y el paisaje fue muy humanizado al principio para poco a poco hacerse más salvaje en la zona de montaña.

Nuestras Liebres Rayitos ya estaban pensando en la siguiente etapa para acercarse poco a poco al final del objetivo, la catedral de Santiago, cosa que tardaría aún algunos años en llegar.

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