viernes, 12 de noviembre de 2021

El camino de Santiago desde Castellón. Etapa 1. De Castellón a La Pobla Tornesa


El grupo de liebres y abuel@s llevaba ya tiempo hablando de hacer el Camino de Santiago desde Castellón y por fin se materializó la idea. Una aventura del calibre del Camino de Santiago no se podía dejar de lado. La aventura es para los valientes y quien no menos valientes que nuestras Liebres Rayitas. 

Tras la estela milenaria del Camino de Santiago han surgido una serie de satélites que partiendo de los lugares más variopintos vienen a confluir en la catedral de la capital gallega. El Camino ha trascendido de su baño religioso para ser un reclamo cultural, moral, en incluso psicológico que ayuda a los seres humanos a parar y recalibrar sus cerebros para seguir atendiendo el trajín del día a dia.

Una de las rutas que han venido a engrosar las distintas variantes del Camino de Santiago es la que partiendo de Castellón, se adentra en Aragón para, una vez en la Rioja unirse al Camino Francés. Son más de 1.000 kilómetros que comienzan en la ermita de Fadrell de Castellón y acaban en la catedral de Santiago de Compostela. 

En principio, nuestros senderistas no tenían intención de abordar un larguísimo Camino del tirón, pero, sí ir haciendo tramos hasta su completa ejecución, tratando de conseguir todo el arreglo psicológico personal que fuera posible aun con estas pequeñas dosis.

El grupo de liebres se apoyó en las rutas publicadas por la Asociación de Amigos de la Ruta Jacobea Ultreia de Castellón, la entidad que ha creado y promovido la idea y ha ido desgranando, día a día y pueblo a pueblo el conjunto de rutas que forma este Camino, tanto espiritual como cultural y deportivo.

Hoy era el día que nuiestros héroes comenzaban a seguir el primer track.

El track de esta primera etapa se analizó y se vio que tocaba mucha carretera. Nuestros avezados senderistas, aprovechando la experiencia que tenían en los caminos de la zona, trataron de eliminar los tramos de carretera a base de buscar rutas alternativas. Estos cambios no se podrían considerar trampas porque los kilómetros son los kilómetros, pero sí una visión distinta del propio Camino. Esta visión "mejorada" del Camino sería menos de asfalto y más rural-étnica-salvaje.

En este primer día del Camino participaron Bea, Elena, Fede, Gibert, Javi, Kiko y Silvia. Al final de la etapa se anduvieron poco más de 20 kilómetros, un desnivel acumulado de 564 metros y un perfil como puedes ver:


Para empezar, la incorporación de los caminantes a la ruta fue gradual. Cada peregrino fue incorporándose al grupo a medida que la "peregrinación" pasaba por su casa. Kiko comenzó la grabación del track en el edificio de Correos y se unió al grupo en el Palau de la Festa.

La primera "trampa" fue que en vez de seguir el camí Caminàs (la antigua Vía Augusta) como mandaban los cánones, nuestros excursionistas fueron por la ruta del Colesterol, ya que a las 7.30 de la mañana, hora de comienzo de la excursión, era de noche y en el "camino oficial" no había luz.



El ermitorio de la Virgen de Lidón fue la primera parada de la ruta. Allí se hicieron la foto de rigor con una placa conmemorativa de la creación del camino de Santiago de Castellón. Los ánimos estaban frescos y la temperatura un poco también.


Ahora nuestros caminantes ya seguían la antigua Vía Augusta. El Camino, no sabemos si es casualidad o no (imaginamos que no), también sigue la romería que todos los años va desde Castellón hasta la ermita y castillo de la Magdalena, histórico lugar que dio origen a la antigua Ciudad de la Plana. Las carreteras agrícolas, muy conocidas por todos los miembros del grupo, iban pasando entre naranjos con un desnivel apenas apreciable. Parecía un poco extraño pasar por esos parajes sin gente alrededor como en el día de la peregrinación popular. 

Siguiendo las flechas amarillas, como en cualquier Camino de Santiago que se precie, sobre las 9.30 llegaron a las inmediaciones de la Magdalena donde repusieron fuerzas con un merecido almuerzo. Estaban ya en el kilómetro 10.



Hasta ahora todo el camino había sido de carretera y ahora venían las innovaciones. La ruta seguía durante un par de kilómetros más por la carretera asfaltada que desde la ermita de la Magdalena sube al monasterio de Desierto de las Palmas. Nuestros senderistas siguieron un camino alternativo por una senda que iba prácticamente paralela a la carretera. Fue mucho más seguro y cómodo, entre bosque y sin tráfico a motor..


Llegó un momento en que la excursión se apartaba de la carretera y se desviaba por una pista fácil de andar. La pista se transformó en camino, que ya no era tan fácil. Se hizo un poco más salvaje y ya nuestros caminantes sudaron por primera vez en todo el día. Las vistas de la Plana y el mar al fondo comenzaron a ser espectaculares a medida que la altura subía y no sin esfuerzo la senda se volvió a encontrar con la carretera pero un poco más arriba. El objetivo de no tocar más asfalto se había superado hasta el momento.

La ruta marcaba ahora dos kilómetros más de carretera pero el grupo, a los doscientos metros, giró a a izquierda para aprovechar una senda que evitara el duro suelo de asfalto. 


Entre el grupo, especialmente Kiko y Gilbert, se comentó cual camino escoger ya que había tres alternativas. La del norte, la del sur y la del medio. Al final se eligió la del medio, que algunos ya la habían hecho pero en sentido inverso. Es decir, bajándola y no subiéndola.

La cosa fue cogiendo elevación. El camino se iba volviendo más salvaje y poco pisado. El desnivel iba aumentando por momentos. El resultado fue que durante un corto tramo se sufrió una subida bastante vertical y resbaladiza, pero al final todos llegaron arriba. Unos en mejores condiciones que otros.


De allí la cosa se suavizaba hasta el coll de la Mola, punto más alto de la ruta del día y lugar donde nuestros caminantes se reencontraron con la ruta original. Se estaba ya en el kilómetro 16 y ahora todo era cuesta para abajo.

Ahora había que tomar una nueva decisión. El track original seguía por la pista que va desde el coll de la Mola a la Pobla, pero hay un camino más directo (más o menos) que sale de allí mismo y es menos monótono. Por supuesto, nuestros excursionistas eligieron este último, que se conoce como el camí vell del Desert


Poco a poco se fue bajando sin más complicaciones hasta llegar a la Pobla Tornesa, final de a primera etapa. la senda estaba llena de arborços (madroños), y nuestros senderistas se hincharon a comer durante la bajada.

Nada más llegar al destino, nuestras héroes se dirigieron a casa de Amparo, la suegra de Juani, una amiga del grupo. Ella les cuñaría la acreditación del camino. Fue el primer cuño de una serie de estampaciones que acabarían en la catedral de Santiago de Compostela. Por cierto, el cuño era de la asociación de amas de casa, pero como ponía que eran de la Pobla Tornesa, valía perfectamente para las pretensiones de las caminantes.

Unas pocas cervezas y una buena comida sirvieron para poner el punto gastronómico a la jornada. La vuelta a Castellón se vio favorecida por dos buenos samaritanos que tras la comida transportaron al grupo a sus hogares.

La ruta fue muy interesante, tanto por lo de formar parte del Camino de Santiago y como por la habilidad y obsesión de no tocar carretera por los miembros del grupo, cosa que dio lugar a una excursión original, relativamente cómoda y divertida. era el comienzo de un largo Camino, nunca mejor dicho.

Pero.... la cosa no acabó aquí. Pocas semanas más tarde, más liebres hicieron la ruta en la repesca que se montó un domingo.

Esta vez fueron Ana, Isa, Kiko y Vero, Quedaron prontito en varias partes de Castellón y consiguieron salir de Lledó a las 7.32. Todo un éxito tempranero contando que el grupo de la anterior vez salieron media hora más tarde.



El ritmo fue un poco más vivo y, en vez de almorzar en la ermita de la Magdalena siguieron camino. Pretendían almorzar una vez finalizara toda la subida para así no llevar el estómago lleno mientras sudaban.



Vero iba asustada porque tenía miedo de pinchar o quedarse atrás, cosa que no sucedió. Estaba más fuerte de lo que pensaba y la ruta no era para tanto. 

En cuanto a las trampas para eliminar el asfalto, esta vez Kiko se decantó por cruzar la Serra del Desert por el Portell o coll de las Cointiendas, donde quizá hubiera un poco más de distancia pero el camino estaba infinitamente mejor. De hecho se demostró porque fue mucho más cómodo y rápido. Esta ruta pasa por el mas de Chiva, donde hicieron unas fotos antes de afrontar la subida al collado.



Nuestras senderistas, con una Ana y una Isa que se salían de fuertes, llegaron a las Contiendas poco más tarde de las 10.30 y almorzaron allí. Hacía calor y el sol todavía picaba para ser noviembre.

El camino parecía una autopista. Gente subiendo, y bajando, conversaciones, perros, parejas, grupos, preguntas. La ciudadanía aprovechaba el buen tiempo para invadir la montaña y, en este cruce de caminos se vio de todo. En las Contiendas se unen las sendas que van al mas de Chiva, a la Roca Blanca, a la Pobla y al Morico. En esta última hay que trepar, y allá se fueron unos jovencitos con perros que parece que no sabían donde se metían. Esperamos que cosiguieran hacer cumbre sin muchos problemas, aunque lo de los perros no lo acabamos de ver. 



Ya con las fuerzas repuestas venía la bajada. Como una vez cruzado el collado se entra en una umbría, la temperatura cambió radicalmente. Una bajada de muchos grados heló al grupo, que tuvo que empezar a mover piernas para entrar en calor. También comieron los madroños que les dio la senda, que estaban supermaduros ya. A punto de terminar la temporada.

Carlos, un amigo del grupo pilló por detrás a nuestras senderistas. Venía corriendo desde la ermita de la Magdalena y con las indicaciones de Vero y las pistas que les iba dejando por boca de la gente que iba en sentido contrario consiguió dar caza a las caminantes, ya en la bajada hacia la Pobla Tornesa. Charlando, charlando acompañó a nuestras héroes hasta casi el destino de la ruta. Luego tendría que volver a la Magdalena, donde había dejado el coche. Carlos estaba mucho más trabajado y era más fuerte que todas las liebres del grupo y parece que no le dio miedo afrontar la vuelta.

Las 4 caminantes llegaron sin problemas a destino y, con un refrigerio o dos, esperaron a Sergio, el buen samaritano que les fue a recoger esta vez. En cuanto al tiempo ue emplearon en la ruta, ganaron alrededor de media hora al grupo anterior, aunque la distancia fue más o menos igual que la primera vez.

Pincha aquí para ver la ruta

   

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sábado, 25 de septiembre de 2021

L'Alcora - Torremundo - Araia - L'Alcora

La ruta que presentamos aquí es un poco más exigente de lo que los senderistas huevones como los Rayitos acostumbran a hacer. Es muy bonita y recomendable y, sobre todo, es de esas en las que a mitad de camino hay un muy buen lugar para almorzar, cosa que da un valor añadido muy interesante a la excursión.

El perfil de la ruta es el siguiente:


Visto el perfil, al principio el camino pica hacia arriba hasta la cima de la excursión, Torremundo. Despues ya es todo más tranquilo. En la excursión participaron Francis, Gilbert, Javi, Kiko y Ricardo. Ya hacía un tiempo que Francis quería invitar a Gilbert a hacer una excursión por su pueblo, l'Alcora. Ese sábado se consumó la invitación. Gilbert se llevó a Kiko como acompañante y Francis fue con dos amigos, Javi y Ricardo, muy aficionados a patear por la montaña. Cinco personas que harían una ruta muy típica de su pueblo. Subirían a Torremundo, la montaña más alta de su término municipal, y además almorzarían en Araia, en un bar muy típico y concurrido de esta pequeña aldea. 

Kiko y Gilbert se pegaron un buen madrugón. Quedaron a las 6.30 de la mañana para subir a l'Alcora donde les esperaban los otros tres senderistas. La semana había sido lluviosa y el terreno seguro que estaría en muy buenas condiciones. (mullidito y con poco polvo). Subían algo inquietos. Por la carretera en plena noche, Gilbert y Kiko veian grandes resplandores de rayos y centellas a lo lejos. Parece que había una buena tormenta detrás de las montañas de l'Alcora. Si el tema se complicaba no podrían salir, pero por lo menos tendrían lo del almorzar, que no pensaban perdonar.

Al final, con rayos y todo los 5 valientes salieron. No había previsión de lluvia y si no salían, después se arrepentirían de no haber aprovechado un día tal bueno como el que acabó siendo.

A las 7 comenzó la marcha. La ruta elegida sigue el paseo que lleva del pueblo hacia la ermita de sant Vicent. Es un bulevar muy arreglado y por que va mucha gente a hacer algo de deporte. Aun siendo un sábado tan temprano, nuestros senderistas se cruzaron y saludaron a algunas personas.

La ruta dejaba la ermita de sant Vicent a la derecha y seguía por una pista. La iluminación de las farolas se acabó y, aunque empezaba a clarear el día, algunos frontales dieron algo de más luz al camino. La pista pronto se acabó y se tomó una senda que salía a la izquierda. Javi iba guiando delante, como prácticamente siguió haciendo durante todo el camino.

El sendero comenzaba a coger desnivel. Siempre positivo. A Gilbert le cogió un poco por sorpresa y pasó un rato un poco mal, renqueando hasta recuperar poco a poco el resuello. Iba demasiado abrigado y hasta que no se quitó el cortavientos no fue cómodo.

No se iba rápido pero tampoco se encantaba nadie. Javi mantenía un buen ritmo. Había reservado el sitio para el almuerzo pero no había que fiarse. Cada cosa tiene su hora y no es cuestión de retrasarse en una cosa tan importante.

Al primer alto el grupo paró un momento para ver el paisaje. Había nieblas bajas pero estaba claro que día iba a despejarse. Casi se veían los tres pantanos, el del Sitjar, el de María Cristina y el de l'Alcora, que aunque lo tenían justo debajo, era el que no se veía. 

A nivel de enrgía, los tres alcorinos iban más que sobrados. Kiko mantenía el tipo y Gilbert ahí andaba. El secreto del éxito de los de l'Alcora estaba más que claro. Se conocían el camino, tenían 10 años menos (por lo menos), 10 kilos menos (por lo menos) y entrenaban 10 veces más. Javi seguía siempre caminando primero y Gilbert y Francis de coche escoba.



La primera parte de la ruta tenía como objetivo Torremundo. Prácticamente todo el trayecto discurre por el camí de Llucena que une l'Alcora con este pueblo, y que seguramente en su día era el único camino directo que había entre las dos poblaciones. Javi dudaba si Torremundo pertenecía al término de Alcora, Lucena o partía los términos. Visto porteriormente el mapa se descubrió que Torremundo parte los términos de los dos pueblos. Por fin se llegó a Torremundo, que con sus 717 metros es la cota más alta de l'Alcora. El esfuerzo no fue muy grande. Era el kilómetro 5,6 y, según los Alcorinos, la subida ya era historia. Ahora tocaba bajar. 


La montaña de Torremundo, aparte de una gran cruz de hierro clavada justo en la cumbre, es famosa porque tiene unas vistas espectaculares. Se ve gran parte de la provincia hasta el mar. Detrás hay una visión provilegiada del Salt del Cavall, barranco con altos precipicios a los lados. Su nombre viene de una leyenda. Te copio un trozo que he sacado de una web de turismo: 

"Cuenta la leyenda que en las proximidades de este paraje (del barranco del Salt del Cavall) tuvo lugar una de las muchas batallas que hubieron en siglos pasados en nuestras tierras entre cristianos y sarracenos. En esta, los musulmanes eran tan numerosos que estaban acorralando a los cristianos y obligándoles a retroceder ocasionando numerosas bajas entre sus huestes. Ante tal empuje, los cristianos invocaron la ayuda del apóstol Santiago, como era habitual en estas lides y de ahí su apelativo de“matamoros”, quien acudió a socorrerles montado en su blanco caballo. Sin embargo, esta vez era tan feroz el ejército musulmán que ni él pudo hacerles frente. 

Ante la pérdida irremediable de la batalla, Sant Jaume y un grupo de caballeros intentaban defender a las tropas en retirada haciéndose perseguir por el enemigo. Viendo que estaba todo perdido, el apóstol espoleo su blanco caballo para que los sarracenos lo persiguieran a él. Cuando casi los tenía encima, se encontró con un inmenso precipicio que parecía llegar hasta el mismo infierno. Con un milagroso salto de su caballo, Sant Jaume venció los 70 m que separaban los bordes de la garganta, pero todos los sarracenos se despeñaron al fondo de ella, pereciendo.

Y dicen que, en lo alto de este barranco, aún pueden verse grabadas sobre la roca las huellas de los cascos del caballo blanco en el mismo lugar en el que hizo ese salto tan espectacular." 


Nuestros Rayitos apuntaron mentalmente una salida pendiente para conocer el Salto del Caballo. Ya decidirían si desde abajo, desde el barranco, o por arriba para buscar la famosa huella que dejaron los cascos del caballo al saltar.

La gran cruz de metal que corona Torremundo señala que esta montaña se usa para algo más que para hacer senderismo. Existe una tradición bastante reciente, que se realiza todos los sábados siguientes al domingo de Pascua desde 1995, donde 13 peregrinos recorren en romería las ermitas del término de l'Alcora. En la cima del Torremundo se canta el Angelus y se sigue camino. Subiendo a esta montaña los peregrinos depositan cruces, cada uno de ellos en un lugar determinado. Son unas cruces de madera que se van acumulando año tras año y están al borde del camino. Cuando nuestros caminantes bajaron de la cima fueron viendo estas cruces a lo largo de la senda. 


Ahora comenzaba la bajada. La ruta se desvía del camino de Llucena y gira a la derecha hacia el barranco del Salt del Cavall. Parece que el esfuerzo ya ha pasado. Ahora es un dulce paseo. Ahora es Kiko el que va un poco más lento. Javi y Ricardo van delante y Los tres restantes iban detrás en animada conversación. Se cambió el objetivo y ahora las ganas eran de almorzar. Javi comentó que en una horita estarían frente al bocata de rigor. La bajada es sencilla y de un camino un poco cerrado se pasa ya a una pista más cómoda y con menos pendiente donde se puede ir más rápido. 


Poco antes de llegar a Araia, lugar de almuerzo, nuestros caminantes pasaron por el poblado del Rogle, masía de nada menos que 22 viviendas deshabitada desde los años 60 del siglo pasado. El progreso y la vida urbana pudo con ella. Está todo en ruinas y su visita está prácticamente impracticable. Nuestros chicos ni lo intentaron. Hicieron foto y siguieron camino.


Por fin se llegó a Araia, el aliciente gastronómico de la jornada senderista. Las antiguas escuelas de la aldea se han transformado en bar para dar de almorzar y comer a la multitud de ciclistas, senderistas, moteros y turistas de todo tipo que recuperan sus fuerzas en Araia. El secreto de su éxito es simple. Buen rollito, buena comida y buenos precios.


Nuestros senderistas se zamparon un almuerzo espectacular regado con cerveza y gaseosa y coronado con carajillos de los buenos. Estaban rodeados por una multitud de ciclistas pero Javi tenía enchufe y les atendieron superrápido.

Araia es el pueblo del abuelo de Gilbert. Él en su casa había oido contar historias sobre la aldea pero nunca había estado allío. Después de almorzar, todo el grupo dio un paseo por entre las casas que, como hay tan pocas, acabaron en pocos minutos. Araia es una aldea muy pequeña, pero está muy cuidada y sus casas está todas arregladas. Vive poca gente todo el año aunque la población aumenta mucho en fin de semana y verano. Javi comentó que los de la serie "la Alquería blanca" de àpunt habían ido para interesarse en montar plató de exteriores allí.


Ahora ya tocaba volver. Aun quedaban 8 kilómetros y las cervezas, carajillos y el gran bocata lastraban a nuestros caminantes. Ahora es donde se notaría la preparación de nuestros atletas. Los tres alcorinos siguieron normales como si nada hubiera pasado, pero nuestros dos Rayitos iban un poco mas apurados.

El camino era superbonito. Se volvía a cruzar el barranco del Salt del Cavall y, en medio de una subida que no se acababa nunca, apareció el mas de Marco, un gran caseron medio hecho polvo. Se notaba que había sido algo en el pasado pero ahora estaba todo echado a perder.


La ruta seguía por una senda amplia con cierta subida hasta llegar a la cova de l'Àngel, una balma con una pequeña charca y un ángel pintado (alguien decía que el ángel estaba grabado en la piedra de forma natural y solo estaba repasado para que se viera bien). Aquí ya se estaba cerca de l'Alcora, el final de la ruta.


Siguiendo el camino, que se transformó en pista y después en carretera, los caminantes llegaron a un polígono industrial. Ya estaban al final de la ruta. Pero no, este no era el final. El choche estaba aparcado en la otra punta del pueblo y aun quedaban 2 kilómetros y medio para llegar. Un último esfuerzo y tras tomar una cerveza con gaseosa casi de un trago y despedirse del resto, Gilbert y Kiko llegaron al coche y volvieron para casa. Era mediodía.

En total fueron 6 horas, contando con las paradas, visitas y almuerzo. Quizá un poco demasiado para los que tienen que hacer la paella el domingo. El tiempo normal de la ruta parece que era 4,5 o 5 horas. Entre los lentos y el almuerzo extendido hubo cierto retraso.

En el gps de Kiko la ruta marcó 18,910 kilómetros y un desnivel positivo de 934 metros. Después, cuando se descargó la ruta en el wikiloc, su repositorio de tracks, la ruta volvió a marcar 18,910 km. pero con un desnivel acumulado menor, de solo 705 metros. También marcó que Torremundo está a 656 m. y no a sus reales 717 m. Cosas de la técnica. De todas formas, la ruta oficialmente tiene un desnivel acumulado de 700 y pico metros pero esos metros se sienten como si fueran 900.

Aun con las quejas huevonas, la ruta fue muy bonita, muy instructiva, con mucha senda y muy cuidada. Para repetir seguro. El toque del almuerzo a medio camino seguro ue dará un peso importante a la hora de repetirla en un futuro.

Y lo más importante, los senderistas, todos unos cracks.


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sábado, 18 de septiembre de 2021

La Magdalena - Tossal de Ribalta - Roca de la Seda


La ruta que presentamos aquí es corta y sencilla, más para las cabras que para los humanos urbanos, pero amena y divertida. Son pocos kilómetros, con poco desnivel y con poco camino.

El perfil da sensación de facilón.

Hacía tiempo que nuestros amigos no caminaban por la montaña. Por eso Kiko buscó una ruta corta y cercana. Así irían entrenando para después abordar retos mayores. Entró en el wikiloc y eligió la subida al tossal de Ribalta  desde la Magdalena. Hacía muchos años que no había hecho esta ruta y recordaba que no era complicada. Además, un poco más allá está la roca de la Seda, donde había una grieta que quería investigar.

Kiko avisó al grupo de que durante la ruta era posible que tuvieran que hacer un poco el cabra, por el tema de investigar la grieta. Todos aceptaron y quedaron un sábado por la mañana. Fueron Elena, Gilbert, Isa, Kiko, Silvia y Vicent. Aparcaron en la explanada de delante del ermitorio de la Magdalena y comenzaron la marcha. Había pocos coches para lo que era normal en un día tan espléndido que salió.

El camino, si se puede decir camino, comenzaba en la parte de atrás del cerro de la Magdalena. La ruta discurre por la zona de les Serretes, bordeando por encima la pedrera del mismo nombre. Al comenzar, los caminantes miraron hacia arriba, hacia la cumbre de la colina por donde pasaba la ruta, según el gps. Buscaban un camino. Un camino que no encontraron.

Gilbert se hizo cargo de abrir paso. Poco a poco fue subiendo, de roca en roca, de risco en risco. El resto iba detrás. Se avanzaba muy poco a poco y al final, tras alguna vuelta atrás, se llegó a lo más alto. 



El gps indicaba seguir hasta la cima de la siguiente montaña. Parecía que el objetivo era seguir cresteando hasta llegar a lo más alto, al tossal de Ribalta. La verdad que a veces se seguía una especie de senda, pero a veces las rocas se adueñaban del entorno y no había más remedio que hacer el cabra.

Ya al pie de la última cima, el tossal de Ribalta, el camino estaba más despejado de roca descarnada y se subió al tossal con relativa facilidad. Los senderistas llevaban un par de horas para hacer un par de kilómetros. No se podía correr más. En esta última subida, la única exigente de a ruta, unos se despegaron y llegaron pronto pero a otros se les "hizo bola" y renquearon un poco hasta llegar al final.

Las vistas desde el tossal de Ribalta son muy chulas. Por un lado todo el parque natural del Desert de les Palmes y por el otro la Plana de Castelló y el mar al fondo. Había algo de bruma pero no llegaba a empañar el panorama.

Desde el tossal, nuestro grupo se dirigió, ya por una senda bien marcada y cuesta abajo hacia la roca de la Seda, a ver la famosa placa que se desprendió en su día de la roca dejando un paso.

La roca de la Seda es en realidad doble. Tiene dos cimas gemelas. Desde una de ellas es de donde se desprendió la gran placa haciendo un paso o grieta. 

El camino desde el tossal de Ribalta llevó a nuestros caminantes a una masía medio hecha polvo, para después subir a una de las dos rocas de Seda y después bajar al collado entre las dos cimas.



Desde aquí se accedió a la grieta. Había un simulacro de camino todo cubierto de coscoll, muy indicado para hacer un masaje a las piernas de los senderistas, casi todos con pantalones cortos.

Nuestro grupo accedió al peeling natural y se introdujo en la grieta. Fue más fácil de lo esperado. El paso es sencillo hasta casi llegar al final, donde hay un desnivel importante que hay que destrepar. El grupo dio media vuelta y ya no tentó más a los dioses. La grieta estaba vista y había que volver.

La gran lasca de piedra tiene un par de "ventanitas" por la que se ve el cielo, y, si te encaramas un poco se puede ver Benicàssim. Ferch vio la foto en el grupo de whatsapp y comentó que se dice que quien mira por esa ventana se enamora. No sabemos el efecto que ha tenido la ventanita en nuestros senderistas. Habrá que esperar un poco a ver si el grupo de caminantes se enamoran un poco más de lo que ya está.

Habiendo cumplido Kiko con su capricho de ver la grieta, la ruta estaba lista para sentencia. Nuestros senderistas volvieron a la masía de una forma poco ortodoxa (también como las cabras) para luego ya seguir una senda y una pista que es llevó a la carretera que sube al Monasterio del Desert de les Palmes.

La ruta que había previsto Kiko cruzaba la carretera y seguía por una pista hasta los coches, pero nuestros caminantes decidieron, con buen criterio, que ya era muy tarde y acortaron por la carretera.

 Al final se anduvo 7,18 Km. (a otros les salió más en su gps) con poco desnivel, solo 276 metros. Todo realizado en unas muy trabajadas 3 horas y media. Como casi siempre, una gran y divertida aventura. Lo pasaron bien. Un buen entrenamiento para comenzar la temporada.


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miércoles, 14 de julio de 2021

La aventura de Sierra Espadán 2021


En junio de 2021, tres Rayitos hicieron senderismo durante 5 días por la sierra Espadán, en la provincia de Castellón.

La ruta transcurrió casi en su totalidad por el GR 333, que recorre los 15 pueblos de la mancomunidad de Mijares - Espadán.

Fueron 85 kilómetros con 3.000 y pico metros de desnivel.

Haciendo clic en este blog encontrarás la crónica y toda la información sobre esta aventura.



sábado, 3 de abril de 2021

Los órganos de Benitandús



Hace un tiempo que dos liebres, Toni y Lola, enviaron fotos al grupo de senderistas de Liebres y Abuel@s con su paso por los órganos de Benitandús.  Las vistas eran impresionantes y los comentarios para dar envidia. También se vio a Merche en su foto de perfil de Whatsapp en una panorámica de los órganos. Fede, Gilbert y Kiko, para no ser menos, aprovecharon un día de vacaciones antes de Pascua para emular la gesta. Era una ruta que hacía tiempo que querían hacer y que les venía muy bien. Era cortita y con cierta exigencia. No la habían hecho nunca y por eso se bajaron el track de internet para poder seguirlo y no perderse.

La ruta es de 6,260 km, con un desnivel de 483 m. Primero todo hacia arriba y al final todo hacia abajo. Mira el perfil:


Benitandús es una aldea de Alcudia de Veo, situado en la cola del pantano con su mismo nombre. Ese día, al pasar por el lado de la pared del pantano con el coche, nuestros tres Rayitos vieron que estaba a tope de agua, algo que nunca habían visto. Siguieron por la carretera para aparcar en la aldea. 

El poblado de Benitandús tiene solo unas pocas casas, una iglesia y una casa consistorial. Tras aparcar delante de la iglesia, los tes senderistas comenzaron la caminata. Esta vez, aparte de Kiko, Gilbert también llevaba la aplicación que gestiona las rutas, para así evitar posibles errores del gps de un aparato, como ya les pasó la última vez. Nuestros caminantes utilizan un app del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y se descargan el track del wikiloc.


Comenzando el track, los tres Rayitos siguieron 500 metros la carrterera hasta llegar a una senda señalizada que llevaba a los órganos. Coincidía con una Gan Ruta, el GR-333, ruta muy interesante que quizá los nuesros héroes aborden a medio plazo.

El GR-333 es una gran ruta de nueva creación que aglutina los antiguos caminos de herradura que unen varios pueblos de la sierra de Espadán. Son poco más de 100 kilómetros que pasan por Alcudia de Veo, Aín, Veo, Suera, Tales, Ribesalbes, Fanzara, Vallat, Argelita, Toga, Torrechiva, Espadilla, Ayódar, Fuentes de Ayódar, Torralba del Pinar y Villamalur. Una iniciativa de la comarca para reinventarse y dar cabida a un nuevo tipo de turismo. Buena idea.

Nuestros caminantes comenzaron la subida por una bonita senda. De momento el esfuerzo era asumible y, sin prisas, se sobrellevó sin sudar. A unos centenares de metros ya vino la primera decisión. El camino se dividía en dos, uno que iba para arriba y otro que subía con menos intensidad. 

Los tres Rayitos son como ese tipo de gente que cuando va en coche por un sitio desconocido, es capaz de perder horas dando vueltas por no preguntar ni mirar un mapa. Por el tipo de camino, nuestros senderistas decidieron seguir la senda más ancha, la más pisada, la que subía menos.

Al cabo de un par de minutos, el gps de Gilbert ya estaba cantando el famoso "usted está fuera de la ruta", así que, una vez más como tantas otras veces, nuestros héroes tuvieron que desandar un poco de camino y ir por la otra senda, por la buena


El camino que provocó la equivocación de los Rayitos era el propio GR-333 que va a Suera. 

Poco a poco la ruta se empina y los senderistas bajan el ritmo. La edad y las averías en rodillas y tobillos van pidiendo su protagonismo y las paraditas estratégicas van sucediéndose con relativa frecuencia. La temperatura va subiendo y se empieza a sudar.

Alguien ya pregunta si falta mucho. Cuando se anda por una ruta que no se conoce, la incertidumbre de cuánto queda y del tipo de camino que uno se va a encontrar da un pequeño punto de ansiedad que parece que se canse uno más.

De repente, justo delante de nuestros caminantes se oyeron unos ruiditos. A unos pocos metros aparecieron media docena de cabras que se pararon a mirar la estampa de los Rayitos. Eran hembras y crías que estaban comiendo en medio de los pinos y alcornoques. estaban tranquilas y no tenían ningún miedo a los humanos. Con mucho cuidado se sacaron los móviles para hacer fotos pero las cabras, que eran muy listas, se fueron yendo antes que las cámaras estuvieran listas. Aún así, hay algunas fotos. Te ponemos una a ver si adivinas dónde está la cabra.





Desde el principio del camino, nuestros senderistas se iban encontrando tirados pañuelos de papel al lado del camino. Parecía que algún guarro andaba constipado. Casi al final de la subida, justo después de las cabras, estaba la bolsita vacía de pañuelos tirada también. Como buenos investigadores, nuestros Rayitos dedujeron que ya no verían más pañuelos. Y acertaron. Todavía le deben pitar los oídos al marrano que fue tirando esos papeles a lo largo del camino por los adjetivos que le pusieron nuestros caminantes.


Por fin llegaron a la parte alta de la ruta. Realmente la subida no es tan bestia pero la edad y las condiciones de los Rayitos tampoco están para tirar cohetes. Las vistas eran impresionantes. Ante nuestros héroes estaba la vista más típica de los órganos de Benitandús. Desde ahí era desde donde todo el mundo que subía se hacía la foto. Valía la pena. Los nuestros hicieron lo propio.

Ahora la cosa estaba en llanear cresteando la pequeña sierra. Aquí el camino coincidía con otra ruta que hicieron nuestros caminantes hacía tiempo. Aquella que, saliendo de Suera, pasaba por el Castillo de Maus, la font de Castro y el mas de Campana.

Había muchos grandes árboles caídos, Alguna gran nevada o tormenta con viento pasó hace 4 o 5 años. 


Una vez empezaron a crestear, los tres Rayitos se encontraron con multitud de trincheras de la guerra civil, alguna incluso estaba limpia de maleza. Parece que por esta zona hubo bastante jaleo, como en el resto de la sierra Espadán. En 1938 el bando republicano construyó una red de defensa de cientos de kilómetros para bloquear el paso de las tropas sublevadas en su camino a Valencia. No eran los típicos bunkers de hormigón, sino un sistema de trincheras y defensas en profundidad, que aprovechaban las dificultades del terreno. Esto complicaba mucho a los atacantes. Pero bueno, ya pasó y ahora quedan restos de estas trincheras para recordarnos lo que no nos tiene que volver a pasar.

Habíamos cambiado de senda varias veces. Una para dejar el GR-333, otra para dejar el camino a Suera desde lo alto de la cumbre, y ahora otra para abordar la bajada y dejar la senda que llevaba al mas de Campana. Fede estaba un poco mosca porque los otros dos caminantes siempre le recriminaban que no veía las marcas de los caminos, los hitos, las tres piedras puestas una encima de la otra, las pequeñas cruces pintadas de las rutas señalizadas. Esta vez estaba viendo todas las señales, las estaba comentando con el grupo, pero los otros dos le decían que no hiciera caso, que la ruta cambiaba. Hubo chistes por el hecho que para una vez que estaba atento, aquí no había que seguir las señales.




Ahora ya tocaba comenzar a bajar. El fondo del valle del río Veo, el que formaba el embalse, se veía muy abajo y se esperaba un descenso pronunciado. No defraudó. La bajada fue pedregosa y empinada. Con las viejas articulaciones de las piernas de nuestros caminantes el camino se hizo lento y un poco interminable. Casi costó más bajar que subir.


Al final de la ruta, casi en la carretera, Gilbert optó por dejar la ruta para acercarse a la fuente del alcornocal, de la que salía un pequeño chorro de agua. De allí por una pista, llegaron a la carretera y, tras un centenar de metros, a Benitandús, al coche. Aquí acabó la ruta.

Había unas cuantas personas delante de la iglesia hablando, por lo que los caminantes dedujeron que habia reunión de todos los vecinos del pueblo. Era Pascua y se supone que había reencuentro de gente que tiene allí su segunda vivienda. No sabían, eran especulaciones.

Como conclusión la ruta es muy chula, con cierta exigencia pero no demasiada. A nuestro caminantes, yendo relajaditos, les costó tres horas. Muy buenas vistas y alguna sorpresa como las cabras. Si no conoces el camino y no llevas la ruta en el móvil, es posible que acabes en Suera o en el mas de campana o en la font de Castro, pero bueno, todo es aventura.

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lunes, 29 de marzo de 2021

Cabanes-Cabanes


Era ese domingo de marzo en que quitan una hora y uno se levanta con todo el sueño del mundo.

Tras una larga temporada en que males de rodilla, tobillo y sobretodo vejez había dejado en dique seco a Fede, Gilbert y Kiko, nuestros tres Rayitos. Hoy era el día en que cabalgaban de nuevo.

En esta ocasión la ruta la hicieron los 3 solos. Eligieron un track lo más plano posible y con las menos piedras posibles. Silvia había pasado al grupo una ruta de un "iluminao" del senderismo que era perfecta para nuestros amigos. Un paseo circular de 15 kilómetros y 320 metros de desnivel por los alrededores de Cabanes. Mira el perfil de la ruta:


Quedaron a las 7.50 de la mañana (las 6.50 en horario del día antes). Kiko recogía y conducía hasta el destino. A las 8.20 ya estaban poniendo el rutómetro en marcha para salir desde el centro de Cabanes. Kiko era el único que llevaba palos porque no se acababa de fiar de la "bondad" de la ruta. Fede y Gilbert iban más confiados. La ruta era desconocida para nuestros caminantes y el track sólo estaba en móvil de Kiko. No hay nada como confiar en la tecnología.


La ruta comenzó muy suave. una carretera asfaltada iba llevando a los caminantes por el término municipal de Cabanes. Tras alguna masía con perros ladradores, el track marcaba que tenían que girar hacia la izquierda. La cosa empezaba a complicarse temprano. A la izquierda había una especie de barranco lleno de piedras y plantas rastreras con pinchos. Fede comentó que desde los romanos nadie había pasado por allí. Quizá tuviera razón, porque al poco de empezar a adentrarse por el barranco, el móvil de Kiko comenzó a avisar eso de "está usted fuera de ruta". Gracias a los dioses se habían equivocado. Si el camino hubiera sido ese, la cosa no hubiera pintado bien. Aquí comenzaron las dudas sobre si había tiempo suficiente para acabar la ruta antes de la hora de comer. Parece mentira pero 15 kilómetros en manos de 3 maduritos puede llevar bastante tiempo, sobre todo si se empiezan a equivocar a menudo.

Volvieron a la carretera y descubrieron que unos metros más adelante había una pista de tierra que salía hacia la izquierda. Esa era la buena.

Mientras iban siguiendo el track, nuestros héroes se dieron cuenta que había una serie de señales bastante bien colocadas que indicaban una carrera o algo similar. La ruta que seguían coincidía bastante con la que estaba marcada. A veces se apartaba de su camino para al rato volver a dejarse ver.


El camino era bastante monótono. Los primeros 6 kilómetros eran todo pista casi siempre de tierra, sin apenas desnivel ni positivo ni negativo. Los tes caminantes no tenían porqué quejarse. Era exactamente lo que habían buscado. Facilidad y pocas piedras. Se despistaron un par de veces más con el track pero no perdieron casi tiempo.

En un cruce de pistas, antes de abordar una larga recta, había un dos jóvenes esperando. Les preguntaron que era lo que significaban tantas señales, si era una carrera de motos. Aquellos chicos les miraron con cara de incredulidad. "Es la Mediterranean Epic" dijeron al unísono, como si los nuestros tuvieran que entender en esas dos palabras todo el significado de la prueba. Después comentaron que eso era una carrera de bicis.

Al día siguiente, leyendo las noticias, los tres Rayitos se dieron cuenta de donde se habían inmiscuido. La Mediterranean Epic es una carrera de 225 kilómetros en 4 etapas que ese año se disputaba en la provincia de Castellón. Esta carrera congregaba nada menos que a 500 ciclistas de 40 países.

Por fin la pista se acabó y comenzó la senda. La subida, aunque no excesiva se dio a conocer. Además, nuestros senderistas subieron el doble porque se equivocaron de camino y tuvieron que desandar un repechón. 


El gps del móvil que tenía el track daba la sensación que no marcaba bien el sitio. Parecía que el camino del track estaba a un centenar de metros a la derecha pero la senda que nuestros caminantes seguían se dirigía al mismo sitio. Nuestros atrevidos caminantes decidieron seguir por donde iban y obviar el track. Aunque el ritmo de caminar era bueno, Gilbert ya empezaba a dudar si iba a llegar a tiempo para hacer la paella. No había demasiada confianza en la "tecnología de geolocalización" que se estaba utilizando y era probable que un error les hiciera perder mucho tiempo.

Seguían una bonita y fresca senda por dentro de un bosque fuera del track cuando poco a poco el camino se fue despejando y a lo lejos se vio un conjunto de coches que seguro que eran de esa carrera de bicis que les habían comentado. Eligiendo un poco a volapié caminos que poco a poco iban acercándose hacia donde estaban los coches (el track original también les decía que debían ir hacía allí), consiguieron llegar. Kiko se confundió yendo pista hacia abajo cuando Gilbert decía que era al revés. Como siempre Gilbert tuvo razón y volvieron a desandar un pequeño tramo. Aquí dejaron las sendas y empezaron con las pistas de tierra.

De repente ya empezaron a pasar los ciclistas. Iban en grupos y se les veía fuertes. Nuestros senderistas compartían la pista con los carreristas, tratando de molestar lo menos posibles. Si hubieran llegado a saber que la carrera era tan importante hubieran esperado pacientemente a que pasaran o cambiado la ruta para no coincidir. Pero como no sabían nada, creían que era una de esas carreritas que montan por la zona para pasárselo bien. Por lo menos nuestros héroes iban animando a los ciclistas a medida que pasaban.


Gilbert y Fede habían hecho años antes alguna edición de la marxa de montaña de Cabanes que pasa por algunos tramos por los caminaban ese día. No recordaban mucho pero si alguna cosa. Sobre todo lo cansados que estaban en su día por esta carrera que es muy larga (26 kilómetros). Gilbert contaba sus peripecias por la senda de la ferraura y por otros tramos como si fuera el abuelo cebolleta. Hoy en día ni se planteaban meterse en una carrera de ese tipo.

La ruta, una vez más se separó de la carrera de ciclistas y se metió por una sendita. Poco después, el track les llevó casi campo a través. De repente allí, en el medio de la montaña, los Rayitos se encontraron con ¡una barca! No estaba en muy buen estado pero era cosa de marcianos el cómo había llegado hasta allí. Todo un misterio.

La ruta que se estaba haciendo era circular. Se compartía un tramo tanto al ir como al volver. Como había miedo por llegar tarde a casa se avisó a las familias que la cosa se podía alargar. Así, un poco medio en broma medio en serio se enviaron mensajes para que no hubiera preocupación y que se comenzara a hacer la comida sin los caminantes, siempre con la seguridad de que a comer seguro que se llegaría..

Al llegar a un cruce en el que la ruta de vuelta difería de la de ida, los tres caminantes decidieron apostar por lo seguro y volver a Cabanes por el camino que conocían, que tenía un kilómetro menos.


Al final hubo más preocupación de la necesaria. A las 12.15 ya estaban en Cabanes y aun dio tiempo de tomar una cervecita rápida antes de la vuelta. Realmente la velocidad del trayecto fue muy alta. Al no tener un gran desnivel acumulado, la velocidad media fue bastante decente para lo que nos tienen acostumbrados los Rayitos.

En resumen, una ruta un poco con mucha pista de tierra pero pefecta para las condiciones que nuestros campeones. ¡Ya llegarán tiempos mejores!  



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miércoles, 15 de mayo de 2019

De Castelló a Sant Joan de Penyagolosa del tirón. Mayo 2019


Allá por mayo de 2019, tres valients y un coche de apoyo realizaron la subida a Sant Joan desde Castelló por el camino más corto posible y con un mínimo entrenamiento previo. El resutado fue muy satisfactorio porque se consiguió la hazaña. Podríamos llamar a esta excursión "la subida a Sant Joan low cost"

En la ruta participaron Ana, Damian y Kiko, con la inestimable ayuda de Lorena, la aguerrida conductora de apoyo. Fueron cerca de 51 kilómetros con un desnivel acumulado de casi 2.500 metros, un objetivo muy serio para realizar en un solo día.



La excursión discurrió en su totalidad. por el GR-33. Se arrancó desde el Racó de la Torreta, justo donde la ruta comienza en camino de tierra. Atrás quedaron 4 kilómetros de carretera desde el propio Castellón  que nuestros caminantes ahorraron con vistas de llegar con luz solar a su destino.


Parte 1: Racó de la torreta - Cantera - Sant Vicent de Borriol - camí de la Pererola - Pedra de Borriol.
Recorrido: 8 km. Tiempo: 2.00 h. Media: 4 km/h.

Eran las 6 de la mañana de un 4 de mayo cuando nuestros senderistas comenzaron a andar. Era noche cerrada y los frontales funcionaron. Sólo Kiko iba con una linterna que no daba casi luz y se tuvo que poner en medio de Ana y Damián para no despeñarse. Cuando se llegó a la cantera el día empezó a clarear y el grupo dejó de ir a tientas. La subida a la Pedra se hizo a buen ritmo. Las sensaciones eran buenas.

Parte 2: Pedra de Borriol - Pou de Mollet - Bajada a La Canal - Carretera de Moró.
Recorrido: 5,5 km. Tiempo: 1.12 h. Media: 4,58 km/h.

Este tramo tenía casi todo de bajada y mucha parte de pista. La media, pese a ya ser alta para nuestros de por sí lentos caminantes, aumentó considerablemente. Se hizo paradita en el Pou de Mollet para el selfie de Ana y quitarse ropa que la calor empezaba ya a mostrarse. En la bajada a La Canal Ana y Damián se embalaron un poco. Kiko iba de prudente. Poco a poco Damián iba tomando posiciones y se perfilaba como guia del grupo. No conocía el camino pero, ante cualquier duda, se giraba y preguntaba.


Parte 3: Carretera de Moró - Carretera de Costur - Font de la Penella.
Recorrido: 4,3 km. Tiempo: 1.04 h. Media: 4,03 km/h.

Al principio hay una subida corta pero muy exigente para acceder a la carretera de Costur, después todo plano hasta la font de la Penella. Los caminantes andaban en silencio. Había poca conversación. Bajó la velocidad pero todavía se aguantaban los 4 km/h. Había que reservarse para el resto del camino, que iba ser largo, largo.


Parte 4: Font de la Penella - Rambla - Les Useres.
Recorrido: 7,8 km. Tiempo: 1.52 h. Media: 4,18 km/h.

En este tramo poco a poco se va subiendo hasta el último repechón de llegada a les Useres. Los senderistas andaban con fuerza y a su ritmo. Hablando lo justo llegaron al pueblo. La media subió algo hasta los 4,18 km/h. Aún quedaban bastantes energías.

El la plaza de les Useres esperaba ya el avituallamiento. A Lorena le costó llegar porque había una carrera ciclista. Lorena abrió el cohe y hubo cambios de zapatillas, ropa, acopio de agua y alguna cervecita y/o cocacola para reponer. La estancia en la plaza del pueblo se demoró bastante. Fueron 45 minutos de relajamiento antes de comenzar el siguiente tramo de la ruta.


Parte 5: Les Useres - Sant Miquel de les Torrocelles.
Recorrido: 9,4 km. Tiempo: 2.53 h. Media: 3,26 km/h.

En este tramo el calor apretó lo suyo. Era mediodía y el sol de mayo hacía su trabajo. Nuestros senderistas andaban en silencio, como en casi todo el camino. Damián lideraba, Ana seguía a rueda y Kiko un poco más allá. El calor y las subidas y bajadas del camino bajaron mucho la media. Se iba a un poco menos de 20 minutos por kilómetro que, para llevar treintea y pico kilómetros encima y con poco entrenamiento, tampoco se puede pedir mucho más. Damián se resintió en una rodilla por culpa de las bajadas pronunciadas. Tendría que andar con cuidado para no lesionarse y aguantar hasta el final. Ya llegando a Sant Miquel los caminantes vieron el choche de Lorena que les esperaba para darles ánimos y apoyar al grupo. A Lorena también le costó llegar porque era el día de la romería de Atzeneta al Castell y tuvo que pedir perdón mil veces para poder pasar por la pista. Los caminantes tuvieron un cuarto de hora de reposo y a seguir ruta.


Parte 6: Sant Miquel de les Torrocelles - Lloma Bernat.
Recorrido: 5,6 km. Tiempo: 1.30 h. Media: 3,73 km/h.

Desde aquí, la ruta va cogiendo altura poco a poco hasta la subida final a la Lloma. Daniel y Ana se embalaron y Kiko tuvo que pedir paciencia para no ir con la lengua fuera. Se metieron "energía" antes de la última subida y, poco a poco abordaron la temible ascensión a la Lloma Bernat. Kiko se puso delante para que no descolgarse y el grupo agradeció el que el ritmo fuera constante y no muy fuerte. Ya no estaban los cuerpos para hacer excesos. Aunque la pendiente era mucho mayor, se subió bastante la media con respecto al tramo anterior, así que no fueron tan lentos. La llegada arriba de la Lloma fue una liberación. Lo peor ya había pasado.


Parte 7: Lloma Bernat - Xodos.
Recorrido: 4,7 km. Tiempo: 1.13 h. Media: 3,86 km/h.

La bajada de la Lloma marcó el ritmo de este tramo. Damián iba con mucho cuidado para no machacarse más la rodilla. Una vez en la pista el ritmo cambió y la caminantes cogieron velocidad. El grupo no subió a Xodos, sinó que se desviaron por el camino del barranc de Xodos que, por abajo, llevaba a nuestros senderistas a la font dels Possos, final de este tramo. El grupo se ahorro la "exigente" subida a Xodos (a estas alturas cualquier subida ya era exigente). En la fuente, como no, estaba la incombustible Lorena con el coche esperando. También tuvo problemas para llegar a la fuente porque se celebraba la maratón de montaña de Xodos y el pueblo estaba lleno de cohes y gente. Un cuartito de hora para comentar (con una cervecita fresca) como iban de fuerzas y ganas y a encarar el siguiente tramo.


Parte 8: Xodos - Sant Joan.
Recorrido: 5,53 km. Tiempo: 1.28 h. Media: 3,77 km/h.

El grupo iba bien de tiempo pero no había que encantarse. Eran las 7 de la tarde y anochecía a las 9. Había tiempo de sobra pero si ocurría algún imprevisto, la cosa se podría complicar. Nuestros senderistas encararon la subida al Marinet con tranquilidad pero no demasiado despacio. La temperatura iba bajando y el viento comenzaba a hacer acto de presencia. Con paciencia llegaron al Pla de la Creu, lugar a partir del cual ya era casi todo cuesta abajo. Con gran felicidad y un poco de dolor de rodilla, el grupo de senderistas llegaron a Sant Joan, final de la ruta. Lorena esparaba con cervecita y refrescos a nuestros tres campeones que consiguieron realizar la ruta de 50 kilómetros de forma alegre y digna. Esta vez Lorena no tuvo problemas de accesos. Ese día era el de la romería de Puertomingalvo a Sant Joan pero ya se habían ido todos. Eran las 8 y media y todavía tuvieron tiempo de cambiarse y hacerse fotos con luz solar.