martes, 18 de abril de 2023

Vuelta en bici por el Saler y la Albufera


La ruta que presentamos aquí es un poco atípica para el club Rayito. No es típica por los medios de transporte utilizados. La aproximación se hizo en tren y la propia ruta se hizo en bicicleta. Una novedad que resultó muy interesante.

Carles, el gurú de esta excursión preparó un impecable itinerario que, partiendo en tren desde Castelló de la Plana, dejaba a los participantes en la estación del Cabanyal de Valencia, lugar donde comenzaba la ruta en bici. Tras un día de paseo, la vuelta se realizó por el mismo camino.

A la excursión fueron Carles, el líder del grupo, Kiko, Lara, Manolo, Manu y Raul. Carles era que se había currado el itinerario.

Los ciclista salieron temprano para aprovechar el día. Fue un sábado de primavera que pintaba muy bien, con sol y temperaturas moderadas. Todos los participantes llegaron a la estación de Castellón a tiempo para subirse al tren de las 7.30. Por la hora temprana, el tren iba bastante vacío pero con suficientes bicis y patinetes como para causar problemas. Como nuestros ciclistas eran 6, había que tener especial cuidado al subir al vagón "habilitado" para sus vehículos. Aunque lo anuncien mucho, realmente los trenes no están suficientemente adaptados a las necesidades de este tipo de usuarios. En un espacio no muy grande han de caber, sillas de ruedas, bicicletas y patinetes. También había unos ganchos para colgar las bicis, cosa que no hizo nadie.

El trayecto en tren se hizo sin mayores problemas. El conductor del tren no era muy brusco y, salvo algún acelerón o frenado que movió un poco las bicis, todo fue como la seda.

Se llegó al Cabanyal y rapidito todos se pusieron encima de sus bicicletas para acceder a un carril bici. Carles y Lara conocían la salida de Valencia y rápidamente guiaron al grupo.


El carril bici urbano es funcional. Basta respetar los semáforos y no atropellar a nadie para llegar a destino sin problemas. En el kilómetro 2 la ruta pasa por el lado de la Ciutat de les Arts i les Ciències. Bonito y espectacular lugar que deja claro donde está la capital de la Comunidad. Aquí nuestros esforzados conductores afrontarían su primer puerto de montaña, que consistía en cruzar el pont de l'Assut d'Or, más conocido como "el jamonero". Es un puente emblemático diseñado por Calatrava y que, según la wikipedia, es un puente atirantado de hormigón blanco y acero. Fueron 30 segundos de suave repecho que se superaron sin ningún problema.

Una vez se rebasa la Ciutat de les Arts i les Ciències, parece que Valencia se acaba. El paisaje urbano cambia a uno semiindustrial (el puerto está al lado), con algo de huerta y muchas carreteras. Los ciclistas siguieron un carril bici paralelo a la CV500 buscando la playa. Se acercaban a los poblados marítimos.

Al lado de la Iglesia de la Punta en Nazaret, hay un puerto de primera especial. Una pasarela de metal cruza por encima de la vía del tren. Parece que diseñador de la pasarela era un deportista nato y la pendiente era más que importante. Se cruzó sin más problema aunque alguno tuvo que bajar de la bici para evitar caer.

Lara andaba con ganas de velocidad y se destacó del grupo. Todos los demás la siguieron para mantener el pelotón compacto. No hubo escapada. La ruta seguía paralela a la carretera hasta el kilómetro 6, donde los ciclistas cruzaron el cauce nuevo del Turia. Ahora ya estaban cerca del primer objetivo, el almuerzo. 


Un poco más adelante, en el kilómetro 7, se llega al paseo marítimo y al propio Pinedo, lugar del "avituallamiento". Carles, el líder, había planificado alimentarse en el Centro Cultural de Pinedo. El lugar se encontró rápido porque Carles sabía donde estaba y porque Pinedo es muy pequeño. Al llegar, previa confirmación que tenían sitio, tuvieron que atar las bicis en la puerta, cosa que les llevó un rato. 

Al entrar al bar les preguntaron si eran de los Correcaminos. Los nuestros dijeron que no. El local estaba concurrido y había dos mesas vacías. Una para los nuestros y otra, más larga, para los famosos Correcaminos.

Detrás del bar había una placita donde podrían haber dejado las bicis mejor. Para la próxima ya lo sabrían.

El almuerzo consistió principalmente en cerveza, bocata y cremadet, Los valencianos va por buen camino pero todavía tienen que aprender un poco más a hacer el cremadet. Demasiado azúcar y poco alcohol quemado. Con la manía de querer conseguir los dos colores en el vaso (abajo el alcohol y arriba el café) hacen una especie de almíbar con un 90% de azúcar y un 10% de brandy, ron o lo que sea. El resultado es un brebaje que casi tiene más sabor de dulce navideño que de estimulante de sobremesa. Pero bueno, tienen que seguir aprendiendo y de momento no se puede pedir más.


Durante los cafés se descubrió el tema de los Correcaminos. Resulta que la mesa de al lado estaba reservada por una colla de abuelos que llevaban camisetas de los correcaminos (su club) y de otras carreras de asfalto, incluso había una de un maratón. Perece que estos correcaminos son viejas glorias del atletismo que todavía siguen con su afición, incluso para almorzar.

En general, el almuerzo fue satisfactorio. Seguramente, si la excursión se repite, se volverá al mismo sitio.


Una vez finalizado el pequeño festival gastronómico, el grupo volvió a sus bicis. Kiko se puso culote para proteger el culo de una travesía larga. Empezaba a hacer calorcito y todos se aligeraron de ropa y se pusieron en marcha. Todos no. El friolero de Manu aguantó todavía un poco abrigado. Ahora la ruta iba por un carril bici al lado del mar.

Desde el kilómetro 7 de la ruta, primero se cruza la Playa de Pinedo y después la playa del Saler. Son varios kilómetros de trayecto entre dunas, playa y pinos. Poco a poco la playa se va haciendo más salvaje y natural, sin olvidar que la mano del hombre se ve por todos los lados. Había bastante gente haciendo deporte y algunos chiringuitos de playa. También se empezaban a ver algunas sombrillas y personas que querían pasar la mañana absorbiendo vitaminas de un sol que quemaba pero no de forma agresiva.

Nuestros esforzados ciclistas hacen paradita en el kilómetro 13,3, en una rotonda con una especie de complejo turístico de andar por casa. Alguna foto conmemorativa y a seguir. Después se cruzan playa de la Garrofera y playa de la Brava. En esta última, en el km. 16 estaba lo que queda del Hotel Sidi Saler, un hotel de lujo que ahora da un poco de pena verlo. Lleva ya 11 años abandonado. Quién te ha visto y quién te ve.


Entre los pinos se ven torres de apartamentos que se construyeron en su día antes de prohibir la urbanización en la zona. Es un privilegio vivir allí.

El grupo va siguiendo la calle/carretera hasta que llega un momento que se acaba, pero continua una pista de tierra, que ellos también siguen. Pocos metros más allá, atravesando un canal aliviadero de la albufera, nuestros ciclistas llegaron al estany de Pujol, en el kilómetro 17 de la ruta. Aquí sí que se vio naturaleza más salvaje. Es una laguna donde había un solo flamenco, patos y gaviotas en un bonito paraje.


Para lo relativamente cerca que está este lugar de Valencia, ciudad de casi un millón de habitantes, no se veía mucha presión turística. En realidad había poca gente por allí. Algunos ciclistas y algunos con toalla. Con más presión, ni los animales estarían.

El camino ahora ya se introducía en un bosque de pinos a buscar la albufera. Nuestros héroes volvieron a cruzar el canal y por fin pudieron contemplar la albufera en su inmensidad. Todo un mar interior. Las aguas un poco turbias pero tampoco se sabía si eso era lo normal o no.


El grupo paró un rato a admirar las vistas de la albufera. Un chico les ofreció un paseo en barca. 5 € por persona y 6 € si hay puesta de sol. Curioso. Ya estaban en el kilómetro 18.

Ahora la tranquilidad de los caminos se había acabado. Tocaba ir por carretera. Quizá un poco peligroso pero por lo menos había arcén. Los ciclistas siguieron unos cientos de metros y en una rotonda se desviaron hacia el Palmar, el lugar donde comerían. Era ya el kilómetro 19 de la ruta.

Nada más desviarse hacia el Palmar las bicis se encontraron con en centro de interpretación de la albufera. Por supuesto, entraron a verlo. Preguntaron a una vigilante que les dijo (literal): "Tenéis que dejar las bicis y entrar andando. Allí hay un lago con animales". Con curiosidad, ataron las bicis y entraron a ver ese lago con animales.


El centro de interpretación da acceso al Racó de l'Olla, un pequeño vergel lleno de vida. Allí hay un edificio con explicaciones y un pequeño recorrido hasta un avistadero que te enseña multitud de flamencos, gaviotas y varias especies de patos y mucha más fauna acuática. Muy bonito y recomendable. Había tiempo de sobra y nuestros ciclistas estuvieron un rato viendo y aprendiendo mucho. También se subieron a una torre desde donde se puede ver toda la inmensidad de la albufera Valenciana. En esta lugar tampoco había mucho turista.




Una vez visto todo, la ruta seguía por una carretera comarcal sin arcén. Con mucho cuidado y todos en línea llegaron a destino. Era el kilómetro 23 de la ruta.

Nada más llegar, los esforzados corredores dieron un corto paseo y buscaron un bar para tomar un refrigerio antes de comer. Aquí ya había bastante gente. El Palmar es un destino turístico con canales que llevan a la albufera. Mucho restaurante y mucha oferta de paseos en barca. También ponía eso de que a la puesta de sol costaba un euro más.


El líder Carles había reservado la comida en un restaurante tranquilo. El tiempo, inmejorable. Mucho sol pero sin mucho calor. La temperatura ideal para comer en terracita con las bicis cerca. Nos trataron bien, con un camarero quizá un poco friqui que hacía unos chistes difíciles de entender. En cuanto a la comida, lo dejaremos en que era digna, sin echar cohetes. Una tellinas, pescado frito y un arroz a banda. Esto último lo más flojo. Para postre un surtido de la casa, bastante bueno.



Ya con el estómago lleno ahora tocaba volver. Los corredores no habían comido demasiado y no se les hizo cuesta arriba el volver a sus monturas. Ahora ya no harían paradas. Tratarían de llegar a destino del tirón.

La vuelta se hizo casi por el mismo trayecto que la ida, con ligeras variaciones. Puedes verlo en el track al final de este artículo. Pero aún quedaban un par de sorpresas. Kiko, que conducía un trozo de hierro con ruedas, pinchó. La cubierta no estaba en condiciones y la cámara lo pagó. El grupo se unió en su ayuda y en un momento repararon la avería. Kiko llevaba una cámara de repuesto porque se olía la posibilidad de pinchazo. Era el klilómetro 35 y ya estaban muy cerca de destino.


A instancias de Lara, la vuelta de hizo por el puerto y muy bien. Fue algo diatinto. A Raul le hizo ilusión pasar por donde había habido una carrera de Formula 1. La Ruta por Valencia fue un poco más caótica porque un sábado a media tarde todo el mundo estaba en la calle. Pero la pericia de nuestros ciclistas pudo con eso y con más.

En total fueron la friolera de 45,3 kilómetros, pero muy bien llevados. Sin prisas y con las paradas necesarias.

La segunda sorpresa vino ahora. El grupo llegó al Cabanyal 1 minuto después que saliera el tren hacia Castellón de la Plana, con lo que tuvieron que esperar una hora para el siguiente. Alguna cerveza, agua y cola ayudaron a pasar el tiempo.

Una vez dentro de la estación y ya delante de la vía se mascaba la tragedia. Había mucha gente, bicis, patinetes, una silla de ruedas y un cochecito de bebé. Todo ello supervisado por un vigilante jurado muy comprometido con su trabajo. Todos estábamos detrás de la raya pendientes de asaltar el tren cuando llegara. Como casi seguro que no se cabría en el vagón de bicis, nuestros ciclistas se distribuyeron a lo largo del andén para entrar a saco como fuera.


Evidentemente y como era de esperar, el tren llegó lleno. Fue complicado. Kiko, Manolo y Raul entraron por una puerta pidiendo perdón a todo el mundo ante la cara de susto de unos y de reproche de otros. Carles, Lara y Manu hicieron lo propio pero no tuvieron la misma suerte y tuvieron que esperar un rato más hasta el siguiente tren.

Los tres primeros esperaron a los tres segundos en Castellón y todos se despidieron de esta fantástica excursión. Era cerca de las 10 de la noche y el personal estaba cansado. Había sido un día cargado de experiencias que se tenía que digerir con un buen sueño.

Como resumen, una excursión muy bonita, muy recomendable y en muy buena compañía. Las acertadas indicaciones del líder Carles hicieron que nada fallara en el día.

Para repetir sin dudar.

Aquí os dejo un video recopilatorio de las carreras de nuestros héroes.


Haz clic aquí para acceder al track


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domingo, 15 de mayo de 2022

Circular Eslida - Castell de Castro


Una vez más nuestros Rayitos abordaron una nueva ruta. Elena, una de las caminantes, es natural de Eslida y desde hacía tiempo le hacía ilusión subir al Castell de Castro, lugar emblemático de la zona y muy transitado por senderistas. Prácticamente ella era la única persona del pueblo que no había subido. 

Los Rayitos no podía permitir que esto continuara así y se pusieron de acuerdo para convertirse por un rato en habitantes del Castell de Castro.

Kiko entró en el wikiloc y eligió una ruta. Los parámetros para elegirla eran bastante básicos. Que no fuera de más de 10 kilómetros, que no tuviera más de 600 metros de desnivel y que fuera circular.

De entre las muchas rutas que Kiko encontró en la web eligió la que más se adaptaba a sus preferencias. Era una de un tal Pepeslida (desde aquí saludamos y damos las gracias a Pepe por su estupenda ruta). El track era circular, de cerca de 10 km. y de un desnivel de cerca de 600 m. Quizá picaría un poco el desnivel pero de vez en cuando hay que esforzarse. Cuando se compartieron las características de la ruta en el grupo se comentó que era como subir al Bartolo desde Benicàssim. Ante este comentario, nadie se puso las manos a la cabeza ni se rasgó las vestiduras por la dureza de la ruta y ésta se consideró apropiada. 

El tal Pepeslida había hecho el recorrido en casi 3 horas y Kiko pensó que el grupo lo haría en poco más de tres horas (a alrededor de 3 kilómetros y pico por hora). Pero se le escapó un detalle. Nadie se dio cuenta quien era el que había publicado el track. ¿Quien era ese tal Pepeslida? Viendo después las rutas que tenía publicadas, Gilbert comprobó que había mucha bici y muchas salidas con grupos pequeños. Todo ello indicativo que Pepe estaba más preparado de lo que se pensaba en un principio. Este detalle dio la pista que el tiempo real al "estilo Rayito" no sería de tres horas, sería de bastante más. Lo pagarían con tiempo extra.

La ruta la hicieron Ale, Ana, Angeles, Gilbert, Isa, Kiko, Silvia y Vicent.


Si miras el perfil verás que no parece muy dura. Subidas y bajadas varias. El detalle está en lo trabajosos que son algunos de los caminos por los que se pasa que ralentizan la marcha y hacen que lo que en principio se pensaba que sería rápido e indoloro se acabó convirtiendo en "no tan rápido" y con alguna agujeta esa tarde y al día siguiente.


El comienzo del track es de un kilómetro de carretera. Elena, la Liebre de Eslida propuso con éxito que el comienzo y el fin se hiciera desde la font de Matilde, ya fuera del pueblo. Con esto se ahorrarían unos cientos de metros de camino tanto al principio como al final y el grupo no tocaría asfalto. Aún con el poco espacio que ofrecía la fuente para aparcar, se estacionaron los dos coches sin problemas. Era temprano por la mañana y todavía no había personal montañero-dominguero-familiar en el lugar.

Rápidamente se prepararon todos y comenzó la caminata y,.... ¡nuevo récord! A los 10 metros ya se habían perdido. Desde arriba de la fuente había más de un camino y nuestros senderistas dudaron. Pero la experiencia ayudó. Más por sentido común que por consulta del GPS, se escogió el camino que resultó ser el correcto 

El principio de la ruta es contundente. Prácticamente el camino sube la montaña al recto hasta encontrarse, a los 400 metros, con la carretera de Chóvar, 100 metros de desnivel más arriba. El grupo dio un respiro pensando que lo peor había pasado. Pero no. Había que cruzar la carretera y adentrarse por una especie de camino que aun subía más en vertical. Después se siguió subiendo al recto para volver a encontrarse con la carretera de Chóvar otra vez, 400 metros más adelante y 150 metros más de desnivel positivo. En menos de un kilómetro ya se había subido 250 metros de los 600 del día. 

Una vez más se volvió a cruzar la carretera y el grupo se adentró por una bonita senda. El camino discurre por la zona de la Malladeta por dentro de un bosque y con ligera subida. Tras el comienzo explosivo la cosa ya pintaba bien. La senda desembocaba en el collado de la Nariz, en el kilómetro 1,6. Un cruce de caminos.


Desde el collado, a la derecha hay una pista que va a la Nevera de Castro. A la izquierda, por otra pista se vuelve a Eslida. A nuestros senderistas les tocaba ir por la pista que iba por el medio. El GPS mandaba y marcaba "todo recto". Siguiendo la pista de tierra, a unos 50 metros, el track enviaba a las liebres por una senda a la izquierda. La ruta discurría ahora por una vieja pista forestal que estaba perdido, aunque conservaba la forma. Pocos coches pasarían hoy por ella. Poco a poco se va ganando altura. La subida es cómoda porque el camino es fácil, pero se sigue subiendo. La pista desemboca en una pista mucho mejor conservada, la pista de la Nevera al Coll d'Eslida, cruce de caminos. Nuestros senderistas ya estaban en el kilómetro 2,5.


El Coll d'Eslida está casi (no es del todo cierto pero casi) en el punto que parte los términos de Eslida, Fondeguilla y Chóvar. Por aquí nuestros amigos volverán a pasar después.

Del collado sale un camino, si se puede llamar camino. Nada más seguir el GPS se pararon porque ni se veía el camino. Buscaron algo parecido a una senda y se hicieron fotos porque el sitio era bonito. La senda que siguieron va por la zona del Cuquello cresteando la montaña. Es muy bonita y muy entretenida. A la izquierda el barranc de Falcó y el barranc d'Eslida y a la derecha del barranc de Forcall, con la famosa Nevera al fondo. La nevera es muy grande y está perfectamente restaurada. Hubiera sido un detallle pasar por ella pero el tiempo no se estira. Al final dejaron esta visita para mejor ocasión.




En la web del Ayuntamiento de Chóvar hay una reseña a esta nevera: "Ya en término municipal de Alfondeguilla, pero muy próxima a su límite con Chóvar, encontramos la Nevera de Castro con 12 metros de profundidad y 6 de diámetro. Así, encontramos uno de los pozos de nieve mejor conservados del territorio valenciano, con un tejado cónico totalmente reformado y, como no puede ser de otro modo en plena Sierra Espadán, cubierto por piedras de rodeno. Os animamos a que observéis cómo es por dentro desde su puerta o ventanas, ¡no hay peligro! Antiguamente las neveras eran utilizadas para recoger la nieve caída durante el invierno y, durante el verano, con la nieve ya convertida en hielo, la utilizaban para conservar los alimentos y ¡para refrescar a la población con sorbetes y helados!"


La cresta que siguieron nuestros héroes acaba en una bajada donde el grupo se ejercitó en hacer el cabra. Unos más y otros menos, pero sin hacer el cabra no se baja. Ana y Gilbert se vinieron arriba y se adelantaron pegando botes como si fueran corzos. No hubo heridos pero, la verdad, ya nadie del grupo  tiene edad para ir haciendo el loco por ahí.

La bajada frenética se acaba en el Collado Boix en el km. 3,6, con el impresionante Castell de Castro delante de sus ojos. Los móviles echan fuego haciendo fotos ya que la estampa es muy bonita. Para la posteridad. Delante el castillo en un risco a lo alto. Detrás la montaña allá arriba que parece mentira que la hayan bajado. 


Desde el collado salen cuatro caminos. El primero, por el que han venido. A la derecha, el de la nevera, que cogerán después. A la izquierda, el que va a Fondeguilla. Y delante, el que lleva al castillo. Evidentemente cogen el camino que les llevará a la fortaleza.

El Castell de Castro es una fortificación situada en el municipio de Alfondeguilla. De origen árabe fue construido poco antes de la era cristiana como torre de vigía. Los restos actuales pertenecen a la civilización islámica, y actualmente se encuentra en estado de total abandono.


El emplazamiento se encuentra sobre un gran peñón, a 789 metros sobre el nivel del mar y domina un campo visual impresionante que abarca desde las Agujas de Santa Águeda en Benicasim hasta el Cabo de la Nao, y desde Peñagolosa hasta las Islas Columbretes. La defensa del castillo aprovechaba totalmente la accidentada orografía, emplazándose estratégicamente entre dos profundos barrancos.



Su posición tan estratégica nos permite adivinar hoy como de difícil, por no decir imposible, podría acontecer su conquista. Cuenta una leyenda que hace muchos años, después de bastantes días de asedio en el castillo y ante la imposibilidad de conquistarlo, los acosadores, una noche muy oscura, colocaron astutamente cirios encendidos en los cuernos de una manada de cabras y las encaminaron, riscos arriba hasta llegar a la fortaleza. Los del castillo, boquiabiertos por el espectáculo de tantas luces, creyeron que el enemigo había recibido grandes contingentes de ayuda y abandonaron deprisa y corriendo la fortificación todos sobrecogidos. Fue así como los acosadores consiguieron el control del castillo. Esta historia, muy parecida a otra que habla del castillo de Olocau, ambas muy poco creíbles, nos demuestra muy claramente la inexpugnabilidad de qué gozaba el castell de Castro.





Cuando nuestros senderistas llegaron al castillo se encontraron con mucha gente allá arriba. El grupo aprovechó para tomar un tentempié contemplando las espectaculares vistas. El sitio se presta para hacer fotos bonitas. Nuestros héroes tenían todo el Mediterráneo ante sus ojos. Aunque el sol pegaba fuerte, el viento era fresquito y, antes de coger frio, volvieron para abajo. Ya estaban en el kilómetro 3,9 de la ruta, casi a mitad de camino.

La salida del castillo fue por el mimo sitio por el que entraron. hasta volver al Collado Bois, donde ahora, en vez de subir hacia la empinada cresta que bajaron hacía un rato, giraron a la izquierda para bajar al barranc de Forcall. Esta es una senda bastante empinada donde se bajan muchos metros. Muchas de las liebres ya pensaban que tendrían que volver a subir estos preciosos metros que bajaban. No iban desencaminadas.


La senda que seguían nuestros héroes desembocaba en la pista de la Nevera donde, a la derecha, se empieza un nuevo ascenso. Es el kilómetro 4,5. Ahora el objetivo es nuevamente el Coll d'Eslida, donde la ruta se cruzará con el camino hecho hace unas horas. El grupo empieza a marcar un ritmo más duro. El tiempo pasa y no es cuestión de hacer esperar a la familia para comer. Ya se ha visto claro que los tiempos del track no son los inicialmente previstos pero tampoco es cuestión de alargar la ruta a base de ir más despacio. 

Hacía un par de semanas que había llovido con mucha intensidad por la zona. Se llegaron a medir más de 400 litros en un par de días. El terreno estaba seco pero por la pista había zonas donde nacía agua del propio suelo. La capa freática estaba muy alta y las reservas estaban a tope.


De la pista, a mano izquierda, se pasó por un cruce a una senda que subía a la Nevera, pero el grupo ya iba con suficiente retraso como para pensar en "perder" un poco de tiempo para ver una neverita (en este caso neverota). La pista por la que iban los senderistas era cómoda pero con bastante subida. El grupo seguía caminando a toda pastilla.


En el km. 5,8 de le ruta y otra vez en el coll d'Eslida. nuestros caminantes enfilan hacia el norte por una bonita senda que lleva al Coll Roig. Al fondo ya se veía Eslida. Parecía que la subida había acabado y volvía a haber un clima distendido en el grupo.




Por fin, tras un paseo llano con una fuerte bajada final, se llega al Coll Roig, en el km. 6,6 de la ruta. Ésta es la antigua puerta de Eslida hacia el mar. Desde este collado se salía hacia Fondeguilla y Vilavella. El Coll Roig forma parte del GR-36, una gran ruta tans-Espadán que une Vilavella con Montanejos de la cual se hace una carrera anual. Algunos de nuestros caminantes son viejos amigos de tramos de esta ruta. En el mismo collado, el camino se hunde en un pequeño desfiladero donde las paredes son de rodeno y arcilla roja. Un lugar un tanto especial con una energía propia. Da la sensación que la historia ha pasado por allí muchas veces.


Desde el Coll Roig, y ya por el Gr-36, nuestros héroes descienden por el camino a Eslida. Ésta es una antigua senda de herradura con muchos tramos todavía empedrados que vuelve a adentrar al grupo a la magia del corazón de la serra Espadán. 

En el km. 7, el grupo pisa ya carretera asfaltada y en seguida, llegan a la font de Castro (la de Eslida). Parece que ya se ha acabado la aventura. Pero atención, una sorpresa esperaba a nuestros caminantes. El GPS marcaba claramente una senda que sale de la propia fuente para ir a la font de Matilde, el definitivo final de la ruta. 

Parecía que la subida había acabado y todas las piernas ya se habían relajado. Pero no, todavía quedaba una pequeño desnivel a cubrir. Era pequeño pero, para nuestros desmotivados senderistas, pareció un auténtico muro. 

Con mucha desgana y un poco de esfuerzo, el grupo cogió la senda que salía desde la propia fuente y se enfilaba hacia arriba dejando el camino habitual. Tras casi 2 kilómetros de relativo sufrimiento por subidas y falsos llanos llegaron a la font de Matilde, final de la ruta.


Fueron casi 9 kilómetros muy variados y muy entretenidos. con unas vistas fantásticas en medio de unos bosques de pinos y alcornoques que harían la envidia de muchos caminantes. Temperatura perfecta y compañía inigualable. De esas rutas que no te cansas de contar a tus amistades.

Ahora a esperar a la próxima.

Mira aquí la ruta


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miércoles, 23 de febrero de 2022

Circular Magdalena Raca


Raca es una montaña que se encuentra en el término de Castelló, muy cerca de la ermita de la Magalena. Desde cualquier sitio de la ciudad se puede ver esta cima de 458 metros que, para los aficionados a caminar por senda, da ganas de subirla en cualquier momento libre que se tenga.

Las Liebres se animaron un domingo de febrero a hacer esta ruta. En concreto fueron Bea, Elena, Gilbert, Kiko y Silvia.

El tossal de Raca se trataba de una asignatura pendiente que había que aprobar. Silvia y Elena habían subido y bajado varias veces pero siempre acababan dudando y yendo campo a través. Hablando sobre el tema con Gilbert y Kiko, que se las daban de expertos conocedores de las sendas de Raca, se decidió hacer un día esta ruta para "enseñar el camino oficial" por el que se sube a esta montaña. El camino que, saliendo del polvorín, sube por el collado del Mancebo hasta llegar al Racó de Raca.

La ruta son 9,68 kilómetros con 439 metros de desnivel que se hacen con cierta facilidad. Primero va todo de subida y después, evidentemente, se baja. Mira aquí el perfil.


Unos pocos días antes de la excursión, para animar un poco a los senderistas, Kiko envió una foto del "vigilante de Raca". Se trata de una roca que está al lado del camino y que "vigila" a los caminantes que pasan por allí. La roca no tiene cara de buenos amigos pero hasta ese momento todavía no se había movido para dar un susto a nadie. El grupo tendría que estar atento para encontrar la roca a lo largo de la excrusión. Había que descubrir al vigilante. 

Para evitar perderse y dar vueltas innecesarias, Kiko se bajó un track circular que, saliendo de la Magdalena, recorría esta ruta. Todo el track discurría por término municipal del Castelló de la Plana y parecía el más directo para cumplir el objetivo de coronar la cima

La cosa ya empezó algo diferente de como se tenía pensada inicialmente.  Nuestros senderistas se pusieron a caminar partiendo de la ermita de la Magdalena. Sin fijarse demasiado en el camino que  tomaban, se metieron en el barranco de la Magdalena y tomaron una pista. El gps no se quejó por lo que se suponía que andaban bien. Pero echando un ojo más detallado al gps se diero cuenta que estaban realizado por la ruta al revés de cómo inicialmente se habían planteado. Se estaban encaminando hacia Raca por el lugar por el que, en principio, tendrían que bajarla. Al fin y al cabo ete tema daba un poco igual. El objetivo era llegar a la cima y tampoco importaba mucho este pequeño incidente. Eso sí, Gilbert y Kiko, que se las daban de expertos en el tema quedaron un poquito mal, dando la sensación que no tenían ni idea del camino a hacer. Con unas risas se solucionó el tema y se decidió hacerla alrevés. alguien dijo: "una anécdota" más para escribir en la crónica", y así ha sido.


Para explicar un poco el camino que se siguió en esta excursión, saliendo de la explanada de la Magdalena se sube por el barranco del mismo nombre y se toma el camí de l'Algepsar, al otro lado del cauce. Poco a poco el camí del Algepsar, que realmente es una cómoda pista de tierra, va subiendo el barranco hasta que lo deja y se adentra a la izquierda siguiendo otro barranco, el barranc de l'Algepsar, que da nombre a este camino.

Cada vez la pendiente es mayor, pero no interrrumpe ninguna conversación ya que se deja subir con facilidad. A la izquierda queda Raca y a la derecha el Tossal de la Roca Blanca. El camino (la pista) se va metiendo por un bosque cada vez más denso y más húmedo. Al sur, en la parte de Raca, están las rocas de les Gralles, que ofrecen sombra todo el día al barranco y dan esa protección y vitalidad vegetal a la zona. Manteniendo una frondosidad poco usual debido a lo protegido del barranco.


Esta zona era desconocida para algunos del grupo, que siempre habían subido o bajado como cabras casi "al recto" desde la Magdalena. Para otros, era donde se habían medio perdido en otras excursiones buscando entre los caminos el que más les convenía para llegar a la cima.

La pista de tierra que forma el cami de l'Agepsar se acaba en un momento dado y la continúa una senda, también en muy bien estado, con el desnivel propio de una subida de montaña. Aquí la cosa ya no era un paseo. Ahora tocaba sudar un poco.

En el barranc de l'Agepsar se juntan varias sendas. Alguna va hacia Borriol siguiendo hasta el collado entre Raca i la Roca Blanca, y otras van a distinos destinos, Roca Blanca, Raca, la Magdalena, Mas de Xiva, otras masias,... Nuestros caminantes se desviaron al este a buscar la senda que sube a Raca, el objetivo del día.

Hay varios caminos que suben y bajan y no es dificil desorientarse y acabar lejos del objetivo. Pero quizá varios caminos converjan en uno y no sea tan difícil. Es este caso, como en tantos otros, se optó por el sentido común. La cosa estaba en seguir tres reglas. Por una parte ir hacia arriba. Los caminos que bajaban no era opción para subir a una cima. La segunda regla era buscar sendas anchas y muy pisadas con lo que se asumía que "tanta gente no se puede equivocar". La tercera opción era ir hacia el sur, tener claro donde estaba la cima de la montaña y no desviarse hacia otros lugares. Con estas tres premisas no se falló. Tambien hay que tener en cuenta que la tecnología estaba presente y el gps echó una mano. Pero no era muy necesario, las cosas estaban claras.


Pronto se acabó el bosque y el lio de sendas y comenzó la piedra viva, los últimos repechos hasta el cim de Raca. Allí estaba el vértice geodésico. Los últimos metros hasta la cima son un pedregal donde hay que tener un poco de cuidado de donde poner el pie, para evitar una torcedura accidental.

Por fin se alcanzaron los 458 metros de altura que tiene Raca. Esta cima es bastante famosa en los contornos. Como tiene un acceso rápido desde la ermita de la Magdalena, es un lugar muy concurrido y muy utilizado para que montañeros, domingueros y excursionistas varios estiren las piernas con pequeñas excursiones montañísticas. Sienpre hay gente allá arriba disfrutando de las vistas.

En el caso de este día, nuestros caminantes casualmente no encontraron a nadie. No recordaban haber subido ninguna vez sin encontrarse a nadie allá arriba. Para no engañar, al subir se cruzaron con una señora muy mayor que estaba bajando y al ratito de estar llegó un carrerista que se fue enseguida.


El grupo disfrutó del momento, de las vistas. Respiraron aire puro en la exclusividad que les regalaba ese día. El tiempo estaba un poco brumoso. Les Columbretes no se llegaban a ver, pero no se deslucía en demasía el momento. Hacia el sur toda la plana de Castelló y hacia el norte, la Serra del Desert de les Palmas con sus picos. La Roca Blanca, el Morico, el Cantal, Caragol de Panxa y el Bartolo. Y como, no, un poco más hacia el mar, el Castell de Montornés y les Agulles de Santa Àgueda. Espectaculares encuadres para fotos.


Ahora, una vez recargadas las pilas de naturaleza en todo su esplendor, tocaba bajar. Esta vez sí que se haría por el camino tradicional, el de costumbre. Y esta vez no dudarían en ningún momento. Gilbert y Kiko habían hecho el tramo de bajada más de 1000 veces (quiza se exagere, pero casi seguuro que por lo menos 950 veces).


Desde la cima parten varios caminos, unos más visibles y otros menos. El que se dirigía  hacia el sur era el bueno, el que tenían que seguir. Era una camino que iba directo hacia una casa, que casi estaba en la cima, en un balcon hacia la Plana, un sitio realmente privilegiado.

Antiguamente el camino hacia Raca pasaba por el porche de esta casa. Hoy en día, los dueños de la edificación, que ya casi es una mansión, habían desviado el camino para que los miles de visitantes que acceden al pico no les molestaran .Habían habilitado una senda que, pasando por detrás de la propiedad, conectaba con el camino original. Así todos contentos. Los visitantes no molestan pero pueden pasar. 


La senda se convierte en pista, y luego hay que coger un desvío a la derecha nuevamente por una senda. La senda cambia la vertiente de la montaña. El caminante pasa de ir con vistas al este, a la Plana de Castelló, a adentrarse hacia el oeste, con vistas al tossal Roig y a la Plana de Borriol.


Tras unos metros de andar por el camino por fin aparece el "Vigilante", la roca buscada. Aunque no estaba fácil de ver, Bea lo descubrió y avisó al resto. Todos se hicieron un selfie entre rirsas porque se lo esperaban más grande. En la foto que había enviado Kiko parecía una roca descomunal cuando realmente no media más de un metro o metro y medio de alto. El objetivo se cumplió y el Vigilante ya sería un recuerdo en esta bonita excursión.

La ruta siguió bajando, ahora un poco más empinada y por una senda descarnada que había que tomar con calma y cuidado. Pronto se llegó al Collado del Mancebo, otro paso hacia Borriol desde la Plana de Castelló. 

Este collado  trajo recuerdos a nuestros senderistas porque hay una mesa con bancos de cemento donde almorzaron cuando hicieron la Transbartolo, ruta de más de 30 kilómteros que une Castelló con Benicassim por todas las crestas de la Serra de Castelló y del Desert de les Palmes, una hazaña más de las Liebres. Esta vez no se pararon porque ya habían almorzado y no había razón. Siguieron camino para adelantar terreno.


Desde el collado el camino mejora mucho. Esta muy bien conservado, incluso hay tramos totalmente empedrados como lo era en su origen cuando este camino, junto con el Camí de la Palla, servía para transportar materiales de la Plana al interior y viceversa. El origen del nombre Camí de la Palla, al que hace referencia este camino y otro que va un poco más al sur, que pasa por la Coma, es por el material que se transportaba por ellos en según que estación del año. Por estos caminos pasaba toda la paja sobrante de los cultivos de arroz con destino a los hornos de alfarería, tejería y cerámica de Borriol, Moró y demás pueblos del interior. En éopca romana y anterior, estos caminos llevarían a la costa plata, aceite y demás productos para comerciar con fenicios, griegos, romanos y otros pueblos que atracaban sus barcos para hacer negocios.

Ya más abajo, para llegar a la Plana, el camino se adentra por el Barranc de Boira, nombre dado por las propiedades que tenía esta antigua familia de Castellón en la zona, cuyo apellido ya se ha perdido por las herencias patriarcales, pero que mantiene su nombre en éste topónimo.


Por fin se llegó abajo. Allí nuestros caminantes se encuentran con el Camí de Boira, continuación natural del Camí Caminàs. Aquí se claro que este paso hacia el interiór ha sido utilizado desde, como mínimo, tiempos de los romanos. El Camí Caminás forma parte de la antigua Vía Augusta Romana y una de sus conexiones con esta arteria de comunicación romana desde Castellón al pueblo de Borriol es el camí de Boira y el camí de la Palla. La historia corría rápida bajo los pies de nuestras senderistas que casi sentían el paso de tantos y tantos caminantes y caballerías por donde ellas iban ahora.

Nuestros héroes ya se encontraban abajo de la montaña, donde comenzaba la Plana. Ahora había que volver al origen de la ruta, a la ermita de la Magdalena, donde estaban los coches. El grupo tenía dos opciones. Por un lado estaba el antiguo Camí de Boira y el Camí Vell de Barcelona, todo asfaltado y en excelentes condiciones. Por otro lado tocaba atravesar unos huertos por pista de tierra desconocida pero sobre el mapa más corto y más "aventurero". Qué decir tiene que nuestros caminantes eligieron la opción dos, no por aventurera (que podríamos pensar que sí), sino por más corta, porque ya estaba bien de andar y había que ir para casa a hacer la paella del domingo (es un decir).


La fiebre agricultora citrícola había llevado a grandes teratenientes de Castelló a hacer terrazas y plantar naranjos hasta el borde mismo de Raca. Por los caminos de acceso a estos huertos es por donde nuestros senderistas atajaron hasta llegar a la ermita de la Magdalena. Aquí no hubo pérdida. El cerro donde se alza la ermita estaba visibe en todo momento y el gps no fallaba al dar el camino bueno por el que ir. Los naranjos estaban ya recolectados pero aun quedaba algún fruto para degustación de nuestros sedientos caminantes. Superdulces y buenas. La manos se quedaron pringosas de azucar sin posibilidad de lavarlas después, pero valió la pena la cata de naranjas, fruta estrella de la Plana de Castelló.

De allí al coche fue un paseo, con un par de despistes de ruta incorporados sin mayores consecuencias. Después al coche y, sin cervezas, para casa. La gente mantiene la línea y cuesta llevarla a hacer excesos, aunque sea tras casi 10 kilómetros de montaña.

La excursión se podría clasificar como buena tirando a muy buena. Quizá larguita para lo que el grupo se esperaba. Se creían que en un par de horitas lo tendrían solucionado y la ruta llevó 3 horas y cuarto. 

La ruta es fácil y entretenida y se llevó buen ritmo. Risas, buen rollito y el "vigilante" encontrado.

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